Nunca habrán ni volverán tiempos como éste, ni música con tal sentimiento y capacidad de producirlos. El sonido de los
violines, el ritmo alegre y vitalizador, son sin duda la mejor imagen sonora del amor, y la felicidad íntima que este provoca.
Amar es poner ante los ojos un crisol de colores radiantes y renovados en su brillo.
En un mundo en el que todo se compra, en el que todo es porque está, las razones del corazón, la creatividad, la inocencia infantil en el corazón del adulto parecen haber muerto.
De la luz a las sombras, de las ilusiones a la falta de creatividad…
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