Lo que sé, pienso, siento y digo no soy yo…soy tú
.Soy un vividor, un sibarita de los sentidos. Un despistado patoso, disfrutador de lo noble y lo hermoso. Soy un paseante y escuchante solitario, cargado a veces con mi mochila y mi trípode , un caminante interior, un paseador de lo externo, un analista de las emociones íntimas.
Aprecio y valoro la frágil y temporal oportunidad de vivir, en el verdadero sentido, con la absoluta convicción de ser un deudor vital,; miro con los ojos del corazón, con la otra mirada, aquella que me devuelve el encanto más profundo y emocional de lo que me rodea.
No necesito que nadie llene mi saco , no necesito de lo ajeno para sentirme pleno y feliz. La vida, sencillamente, la maravillosa , hermosa creación me es suficiente para mantenerme extasiado y dichoso en mi corazón.
Asisto cada día al nuevo amanecer como el recién nacido cuando abre sus ojos a la luz por primera vez.. Alejado del bullicio, de lo temporal, de la moda y lo pasajero, de los falsos roles y acontecimientos humanos, me siento más unido, más fiel, más noble, y más amigo del mundo.
No necesito una copa en la mano, para que brille mi mirada, no necesito ser hincha de un equipo de fútbol, no necesito llenar mi vacío con la defensa de una causa que sólo sirve de excusa para llenar mi vacío existencial.
Sí, soy un solitario despistado, un paseante que se cruza en su camino con otros que como yo recorren el sendero, el otro, y que al cruzarse esbozan un saludo y una sonrisa, que expresa lo más noble de los sentimientos, y que aún sin palabras, en un segundo, en un instante que por fugaz se convierte en infinito, se dicen todo lo expresable.
Soy un recordante, un eco de lo pasado, un apasionado defensor de los sueños de los recuerdos.. , un eterno convencido de que lo hermoso, nada tiene que ver con lo perfecto, que cree que la técnica nunca suple la creatividad, que la emoción de los sentimientos puede más que la razón, y que tiene, quizás equivocadamente, la capacidad de emocionarse con los regalos del alma.
Y cuando miro, cuando siento, cuando disfruto de la luz de la creación, cuando escucho la música del alma , cuando comparto y dialogo con el otro lenguaje, aquél que compartimos, los estúpidos, los ignorados, los apartados del rol , me siento unido en la distancia. más real, más profunda , y esencialmente, de la forma más fiel, a los demás, porque lo hago sin intenciones, sin motivos, sin intereses, sin necesidades y apremios egoistas.
Me sé efímero y fugaz, más etéreo y frágil que una gota de agua sobre la arena hirviente del desierto de la vida, . pero ese instante es toda mi vida, ahí se concentra todo el placer de sentir emocionalmente.
Sé que la vida me ha hecho un préstamo y que he devolverlo con el paso del tiempo, y eso aumenta y acelera mi capacidad de “sentir” cada segundo, con cada soplo de aire que entra en mis pulmones.
Y eso me hace ser un navegante del tiempo, de lo relativo y de lo absurdo, un escuchante del pasado eterno. Amo la música, y la oigo sin fronteras temporales. Amo la oportunidad única, irrepetible, e inmerecida, de vivir, simplemente y humildemente vivo sintiendo.
Con los ojos cerrados, con el tiempo aparcado, con el sonido como eco del alma, como vehículo de los sentidos, cierro las puertas y me sumergo en el tibio susurro de la música.
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