MI MUSICA

domingo, 4 de julio de 2010

senderos del corazón

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Siento a veces (con cada vez más frecuencia) el deseo imperioso de escapar, quizás del mundo físico, ó, quizás de la realidad material y cotidiana que me ha tocado vivir, probablemente como panacea que mi propio espíritu me brinda para saberme y sentirme.

Momentos en los que intento desligar lo que me ata , ocupa y preocupa, de lo que soy, de lo que realmente soy.

Y entonces, a modo de calcetín al que doy la vuelta del derecho, me transporto y asumo mi mundo interior.

Me aislo, y acallo el ruido mundano y las voces que me surgen en mi cabeza, los pensamientos y preocupaciones, los dolores y tormentos internos, que me rondan y apresan, que me impiden sencillamente "estar".

Y entonces, regreso al fuero interno, el reino de los sentidos sin razones, el mundo del placer de sentir, apreciar, lo que es, lo que está, sin razonamientos, sin juicios ni valores, sólo  y a solas el placer de "sentir".

Tras la subida recorrí el camino entre pinos, entre troncos en el que una luz , un haz de luz solar parecía dirigirme , hacia un infinito desconocido, pero ciertamente seguro y confortable.

Sólo el sonido de mis propios pasos, y un eco de tambor lejano en que se convierte mi cansado corazón ante cualquier esfuerzo físico, acompasaban mi

andar. Un suave murmullo, misterioso y confidente me adelantaba y rodeaba entre los troncos, como si me encontrase jugando al escondite con un invisible amigo. El murmullo del viento parecíame el revolotear de alas de un enorme pájaro de otra dimensión.

El chasquido de mis zapatos sobre la pinocha eran el punto de encuentro con la experiencia física, que a modo de ancla de realidad, me mantenía consciente de mi estado.

A solas, entre pinos, el tiempo parecía carecer de sentido; antes, después, tarde ó temprano, eran palabras, expresiones vacías, sin sentido. Sólo ahora, solo yo era real.

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