Hablo para mi, escucho el silencio interior desde el que surge la voz desconocida en su origen, pero cierta; es el silencio del espíritu quién sintoniza la emisora interior, la del corazón: para mí. Igual que cualquier emisión radiofónica, basta con disponer el aparato receptor y sintonizar, para poder captar la emisión, que sin este proceso , estando ahí, no es audible.
La emisión es clara y perceptible para quién se tome la molestia de poner los medios y actitudes adecuados. Para aquellos que no sienten la necesidad de escuchar la emisión, para aquellos que sencillamente, no creen en la existencia de las ondas , sencilla y simplemente no existe emisión alguna.
Pero la actitud es fundamental; es la actitud del corazón, es la sabiduría de la humildad, es la bondad interior, la que te proporciona el aparato adecuado para poder sintonizar. Es necesario el recogimiento y silencio interior para lograr la capacidad de sintonizar con la voz interior, la emisión universal de la emisora divina.
Pero hay parásitos e interferencias que te impiden, dificultan ó te cierran las puertas para poder sintonizar; la maldad, la vanidad y orgullo de los espíritus poco sensibles, pocos avanzados, son las principales de ellas.
Y hay también personas que te impiden caminar, gentes que incapaces de cualquier actitud de avance personal, viven aletargados, como simples “momias” vitales. Gentes que viven vidas vacías, puramente animal, instintiva. Nacen, crecen y se reproducen, quieren a su manera, se relacionan , pero de forma totalmente instintiva, mecánica y carente de sentido real.
Forman grupos, manadas, forman sectas y equipos, crean modas y creencias, inventan religiones y partidos, pero olvidan lo principal, olvidan lo elemental, y hacen de la unión la fuerza.
Cada uno de nosotros es una obligación hacia sí mismo, una labor a realizar, una tarea interior indispensable para la evolución y escape del círculo de lo vano y elemental.
Y nuestra civilización ha olvidado los principios elementales, los cimientos del espíritu, que es la única razón y experiencia cierta, universal y eterna.
Tenemos el poder de la fuerza, la fuerza de la unión, pero nuestros principios, los de cada uno, son una radio apagada, una emisión no captada , sencillamente una voz perdida en el éter de nuestros corazones, de nuestro infinito espacio interior.
Es tan fácil entender esto, es tan claramente audible , que no alcanzo a entender, no entiendo lo que veo a mi alrededor, por absurdo, por ilógico y sin sentido.
Cuando hablamos de sinónimos, nos referimos a palabras que siendo distintos significan lo mismo. Sin embargo ni siquiera los sinónimos dejan de tener matices que los diferencian y oponen en su valor.
Decir sencillo y simple, es sinónimamente, hablar de lo mismo. Pero una persona sencilla es una persona con una cualidad humana importante,, en cambio, una persona simple, es una persona de pocos valores, poco evolucionada.
Así somos en nuestras creencias e ideas, en nuestras actitudes, la mayoría de los seres humanos. Somos simples.
Generaciones atrás, civilizaciones antiguas, siendo sencillas eran valiosas, profundas y ricas en su estado interior, en sus creencias, en su lenguaje profundo con la vida. Tenían en su aparente sencillez, todo el valor que te otorga la humildad; poseían una increíble, profunda y perfeccionada técnica para sintonizar con la EMISION. Profundos conocedores del camino interior, del sendero , tenían un conocimiento profundo de la vida y su significado. En su sencillez , en su capacidad de comprenderse y entenderse parte del todo , estaba su verdadero potencial, aquel que te provoca y dota de la capacidad de ser cierta y verdaderamente feliz..
Y cuando alcanzas ese conocimiento solo te resta pagar tus deudas kármicas para iniciar libre de cargas y peso el viaje a las estrellas, continuar el proceso evolutivo.
Nosotros somos ahora, doscientos años después, seres “evolucionados”. Realmente hay diferencia entre nuestra sabiduría y la de los indios aquellos, pobres, cultos e ignorantes, que sin “estudios” sin técnica, sin apariencias, sin otra cualidad que la sencillez, hacían manifestaciones tan profundas.
…y me siento estúpido, profundamentemente ignorante y culpable de ser y formar
parte de esta historia de la que me sé responsable.
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