Ciertamente soy un personaje extraño, ( -sin duda alguna, reconozco yo-,) ciertamente soy un individuo de vida poco mundana, con ideales ajenos a los que están de moda, con comportamiento fuera de los “normal”, y lo reconozco abiertamente, y si esa es mi culpa, pues bien, lo soy. Me declaro culpable-
No mantengo muchas relacionas sociales , no asisto a fiestas ni actos multitudinarios normalmente, no me siento en banquetes ni demás festejos, asiduamente. No voy a entierros, funerales, y otros…
También es cierto. Lo sé, y me declaro culpable.
Esa es mi forma de ser y actuar, de puertas para afuera.
Sí, soy culpable de ser profundamente tímido, más allá de lo que incluso los que me conocen son capaces de entrever. Sí soy culpable de ser incapaz de hacer daño, de violentar a nadie. Soy culpable de resultarme muy difícil pedir favores, incluso a aquellos a quién se los hago.
Sí soy culpable de no poder aprovecharme de los demás, de no saber dar palmaditas en la espalda, de no hacer la pelota, de no disfrutar del mal ajeno.
Soy culpable sí, de no poder ser violento, de no arremeter contra los demás por culpa de mis propios problemas e irresponsabilidades.
Soy culpable de tener un concepto personal y distinto de lo que significa la vida y disfrutar de ella.
Soy culpable también de respetar profundamente las opciones diferentes a la mía. Soy culpable de no querer imponer nada a nadie.
Porque lo que digo, siento y expreso es mi forma de ser íntimamente feliz.
Soy culpable, sí, de ser un niño encerrado en un cuerpo maduro y en declive.
Me culpo de ayudar a quién me lo pide, de no guardar rencor a aquellos que se subieron a mis espaldas para aliviar su propia carga, a pesar de aumentar terriblemente la mía,
Tengo la terrible culpa de no cargar a nadie con mis problemas, con no castigar a nadie con mis penas, de no faltar al respeto a nadie con mi comportamiento, con mi estilo de vida y forma de pensar.
Expreso, con la libertad que otorgo y respeto en y para los demás , mis opiniones y creencias.
Soy culpable sí, de sentirme y saberme diferente y no menospreciar a los demás por ser cómo son., y saberlos y sentirlos diferentes.
Y de puertas adentro, me confieso culpable de ser hipersensible, afectuoso con mis seres queridos, aunque desprendido en las manifestaciones externas. Me confieso culpable de llorar con frecuencia, de asistir a mi propio entierro y funeral, cada vez que pierdo a alguien de mi entorno, de sumirme en la pena con las penas ajenas, a solas, sin aspavientos, sin “falsas apariencias”, sin cumplimientos sociales.
Soy culpable, en fin, y en definitiva, de no pedir para mí más de lo que doy para los demás.
Y este es el valor escaso de este diario, en el que un reo, un ajusticiado del rol de lo humano, juega su propio juego, recorre su propio camino, anda tras sus propias huellas, ajeno , en lo posible, de lo humano, respetando profundamente a todos y a todo, con humildad . Este es un hueco de mí mismo en el que escribo plasmando mis sentimientos sin pretensiones, en la intimidad, con el lenguaje del corazón, para hacer mi mente consciente de la sabiduría del espíritu encerrado en mí, en cada uno de nosotros, en esencia.
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