La música es el sonido de los que no pueden oir, las imágenes de quiénes no tienen la posibilidad de ver…porque es el sentido que se percibe más allá de los propios sentidos.
La música es la más hermosa de las imágenes, el más colorido sonido, el más fragante aroma, es sencillamente el idioma y la percepción del espíritu. Es, sin ser, la plenitud del ser.
Amo la música porque la música es vida, porque es el lenguaje que comparto con el espíritu de la divinidad, es el eco de mis silencios , la vibración de mi alma, cuando estoy a solas, sentado con las piernas colgando en el borde del Universo, el del mundo interior, en el pleno estasis de la mirada interior. Amo la música porque, sencillamente, me permite sentir el íntimo placer de sentir que estoy vivo.
En un mundo de miserias, penas ,tristezas… despojado de valores, podrido de inútiles intereses, dominado por el ansia y la lucha por el poder, más allá de las propias necesidades, la música es…mi tabla salvadora , mi faro en este viaje dentro de lo absurdo.
Escucho la música, porque la siento, porque su sonido me eleva por encima de lo inútil de lo pagano de la realidad cotidiana, porque me hace ver que hay algo más allá de lo que aparento, una forma de comunicarse con el universo, sumergirse en él, a través del sentimiento, Escucho la música porque es el eco de mis soledades, el lenguaje que esta me regala para sentirme plenamente acompañado con el Todo.
Soy una copa de vidrio límpido, sereno, que vibra con el sonido, que se transmite incontenible por todo su interior confundiéndose con la esencia del propio cristal. Soy un preso que, pícaramente, ha encontrado una forma para zafarse de sus ataduras cuando se queda a solas del mundo, carcelero de sentidos y sentimientos.
A solas…libre…música y…yo
Con el olor del sentimiento añejo, pero pletórico de emociones, con el viejo sonido del vinilo, que gritaba frenético desgranando el aroma de la melodía en el aire:
Es por tí, es por mí, es sencillamente por el orgullo de sentir. Me despierto de este pequeño sueño atemporal al borde de esta mañana de mi vida, para regresar del viaje a mí mismo, a bordo de la nave musical del recuerdo. Con ella regreso, así, sencillamente, sin más, a solas, con su eco despierto. Gracias por la magia. ¡Que no pare la música!
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