… y es que yo no escribo, no sé hacerlo, sólo copio los renglones escritos en el profundo ser del corazón. Y es que yo no hablo, no sé hacerlo, sólo recito el eco del susurro interior del saber omnipresente.
No soy sino una pausa en el tiempo, el mío propio, en que tomo forma para estar, visible y consciente de mi limitada situación, limitada, sí, pero pasajera, circunstancial. Soy, sencillamente, -somos- una pausa en nuestro continuo viaje hacia el infinito de la plenitud.
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