Asumo la vida como una partida contra un desconocido contrincante, que a lo sumo me ha dejado de vez en cuando algún respiro, pero que en definitiva, ha tenido siempre la partida ganada . Y sin embargo el juego ha sido hermoso, ha tenido un desarrollo lleno de luz, de posibilidades, de alegrías, y de sinsabores también, pero que aún siéndolos, han dado “valor” a esta experiencia , la maravillosa y mágica experiencia de vivir.
Cada instante, la posibilidad de ser consciente de uno mismo, es un tremendo e incomprensible regalo, que va más allá, hasta el infinito, de mis posibilidades de entendimiento.
Miro a mi alrededor y me siento partícipe de un tremendo enigma, formo parte de una verdad escondida, de un principio eterno y universal. He sido, desde mis limitaciones e incapacidades, un buscador , un escudriñador del universo interior, un limitado espectador, y al mismo tiempo un eterno preguntante de las cuestiones que “son”.
Amo sentirme consciente de mí mismo, y siéndolo asumo mi insignificancia, me recreo en mi humildad serena, aquella que no me rebaja frente a los demás, sumidos en falsas vanidades, en falsos estados pasajeros de status social, económico ó de cualquier índole humana.
Admiro la perfección de mi soporte físico, mi cuerpo, y al mismo tiempo lo sé, una simple cáscara pasajera en este efímero viaje por lo material.
He aprendido a desencarnarme, a vaciarme de todas esas cargas, para reconocerme en lo más íntimo, para recrearme en el simple , efímero , fugaz, y al mismo tiempo eterno instante de la consciencia del instante vivido.
Abro los ojos y descubro más allá de lo que la vista abarca, escucho en el silencio, me libero de toda carga superflúa en estas noches frescas de sentimientos, que son el lado oculto de los momentos de soledad, que se convierten en la puerta abierta al “sentir”.
No es necesario tocar, no es necesario hablar, no es necesario mirar…para ser. Nada material, tangible, puede hacerme más consciente, porque, sencillamente, en estas sencillas, apartadas, personales, noches mágicas, soy la conciencia, el punto de encuentro entre el todo y yo.
Así, desprendido de todo y todos, en este único, eterno instante soy el encuentro, soy un noche fresca de sentimientos.
Siempre tienen mis noches frescas de sentimientos, el olor y el sabor de la música romántica. El sonido intemporal de la melodía acompasada del tiempo que eterno deambula en el sentimiento de los corazones . Amor, música, recuerdos…ingredientes del sencillo placer de sentir la vida, así, a solas, a secas, a través del crisol del corazón. El amor suena..a música.
Tengo la fortuna de poseer la capacidad de ponerle alas al corazón. Que suene la música y volaré libre en el espacio interior, en la noche infinita del sentir de los sentidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario