MI MUSICA

jueves, 9 de junio de 2011

LA ESFERA DE CRISTAL…

No sabemos, no podemos, –la mayoría de nosotros., a excepción de los iluminados,escaparnos de la prisión de los sentidos, y de su creación de ensueño.

Lo que denominamos realidad no deja de ser sino el patio de la cárcel, de la que no podemos ir más allá de los confines que las propias paredes que nuestro sueño nos impone, y de las que no somos conscientes.  Está tan bien diseñada, que todo se nos antoja libertad, no vemos los límites que nos impone, no somos conscientes de la escasa capacidad de movimiento que nos permite.

Nuestro cuerpo y nuestra mente viven esclavas de sus límites, tienen las alas cortadas, pero dentro del reino de los esclavos, nos sentimos libres, capaces  y   omnipotentes.

Vivimos preocupados, absortos en nuestras miserias, en nuestras creencias personales degeneradas y falsas, en la persecución absurda de cosas temporales en una realidad ilusoria y también temporal. Energías perdidas, falsos ropajes, vanidades, imágenes degeneradas, absurdas y sobredimensionadas de nosotros mismos, basadas sólo  en lo material, despojándonos de calidad humana.

Alimentamos nuestro ego, rebajando a los demás, nos disfrazamos con lo externo y lo superflúo para destacarnos de los otros, como si eso fuera real ,convirtiéndonos en una pantomima en el espejo de los valores reales.

¿Para qué cargar las maletas, sl siempre, al final, hemos de vaciarlas para partir?

?Por qué en vez de mirarnos realmente, tal y como somos, –lo que somos cada uno-, en el espejo de lo cierto, nos disfrazamos para engañar la vista  de los demás, para obligar a la falsedad , al miedo, a la envidia , que nos reconozca, que se trague la mentira que nos conforta en nuestra profunda ignorancia?

Sencillamente porque vivimos prisioneros de nuestra propia cárcel de cristal, en este reino de ensueño.

Y si  nos engañamos a nosotros mismos ¿qué haremos con los demás?. Viremos el espejo del revés, miremos desde dentro, seamos nuestros jueces, desde la plenitud interior, desde la calma profunda, aquella que convierte nuestro mar interior en un espejo , y cobraremos  y recuperaremos la verdadera importancia, la cierta dimensión que todos y cada uno de nosotros posee, más allá de los límites que la mentira personal y mundana nos ha hecho ver.

Seamos cada uno uno mismo, único, fundamental y partícipe del todo.

  

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