El silencio de una palabra es la magia escondida tras ella, es el paradigma del sentir de las emociones. Amar sin palabras, decir sin palabras, es hablar y sentir con el corazón, es el poder del percibir aún más allá de los sentidos, es ingresar en el origen, el manantial de lo posible, es recrearse en el poder que lo crea.
Me pongo, nos ponemos viejos, pero no es el fin del viaje, no. Me pongo viejo, nos ponemos, pero sólo es el fin del tiempo perdido: acaba el lapsus del olvido de nuestra esencia.
Me pongo viejo, nos ponemos, no para dejar de andar, sino para regresar al sendero cierto, al camino que recorre el tiempo infinito de nuestra esencia intemporal.
Me pongo viejo, nos ponemos, en los ojos brilla la ausencia de momentos,y al mismo tiempo, asoma la esperanza en los corazones de quiénes sí sabemos, más allá de los sentidos, que tras la ausencia está el reencuentro con el todo, para formar parte de la esencia universal, para volver a ser parte consciente de la Consciencia primigenia, eterna.
Me pongo viejo, nos ponemos, para volver a ser…el niño que siempre fuimos, que siempre seremos, como eco infinito de nosotros mismos.
Me pongo, viejo, nos ponemos…para ser eternamente jóvenes, intemporales criaturas del misterio que se desvelará tras la ausencia de lo que hemos representado, para volver a estrechar entre nuestros brazos a quiénes estuvieron con nosotros en el sueño de la vida.
Me pongo viejo, nos ponemos, no para perdernos, sino para reencontrarnos en nuestra verdadera esencia intemporal. Es un viaje a la esperanza, la ilusión, al descubrimiento del secreto que el corazón del buscador siempre anhela.
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