La verdadera mirada, la que no depende de lo mirado, la que ve en la obscuridad, la que te lleva más allá donde alcanza la luz, es aquella que ve los sentimientos, que capta el sutil vibrar del latir del ser. Ver con los ojos cerrados es magia del espíritu, es voz del corazón.
Amo cerrar los ojos para ver la música . Apago mi mirada para esbozar en las pizarras de mis ojos todo lo que dibuja mi corazón, y éste siempre te pinta a tí, con trazos de notas musicales.
Cierro los ojos y veo que no me veo, me siento, me sé, un alma, un espíritu viajero atrapado en un cuerpo, en un amigo de piel que me encierra, pero que no soy yo, sino una simple casualidad. Cierro los ojos y me veo, y veo, lo que soy y lo que es, intangible y sutil.
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