La soledad es el rincón del espíritu dónde, en ausencia de otros te llenas de tí mismo, dónde en la ausencia de ruidos te llenas del silencio. No es el rincón de la ausencia, sino del encuentro, el lugar de reunión contigo mismo, dónde no hay motivos ni intereses creados, dónde no satisfaces tu egoismo con otros, donde no resuelves tu problemas en compañía de los demás… porque la compañía es, en la mayoría de los casos, la necesidad, la satisfacción de unos intereses y necesidades mutuos.
La compañía es la forma de resolver la soledad no aceptada que todos sentimos y llevamos dentro; es en cierta forma una actitud de egoismo compartido.
La soledad es el rincón del alma donde reside la mayor parte de los sentidos en su estado puro. Ahí surge el conocimiento de uno mismo, la capacidad de apreciar y saborear en su estado puro emociones y sentimientos , la creatividad, el raciocinio pleno…
La soledad no es el vacío, es la estación donde te desprendes de lo superflúo, de todo aquello que forma una costra sobre tí, que impide tener conciencia clara de quién eres, dónde estás, y el disfrute ilimitado de las sensaciones.
Saber esto, reconocer el valor y necesidad de la soledad, te eleva del simple estado instintivo, te capacita para darte a los demás, para ser compañero y amigo, para compartir tu vida junto a otros…
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