Dios es un pensamiento, el poder creador del pensamiento primogenio. Todo es, todo fluye en torno a ese pensamiento. De él fluye todo, de él parte todo, a él pertenece todo, a él regresa todo. No hay nada que escape del pensamiento creador. Somos parte de un sueño, parte del pensamiento. Nada es por sí mismo, nada está fuera del todo, nada permanece aislado. Somos consciencia, somos una posibilidad temporal de jugar al juego de los sentidos, tomamos presencia por unos instantes del devenir, para seguir siendo.
Estamos sumergidos en el infinito y eterno océano del pensamiento divino del que somos olas que acuden a la playa para regresar de nuevo al mar.
No hay nada que me separe de tí, salvo este instante fugaz de conciencia temporal.
Soy música, soy brisa, soy polvo del camino, soy gota de rocío, soy…parte de tí.
En mi mente reside la posibilidad de disolverme en la materia, de ser consciencia, de traspasar las fronteras del espacio y el tiempo, de hacerme pleno con el espíritu del pensamiento universal, ser sueño de quién todo lo sueña , soñar el mismo sueño, su mismo sueño universal y eterno.
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