Todos nacemos como seres humanos, nos desarrollamos como individuos y, por méritos propios , llegamos , (hemos de llegar) a alcanzar el nivel de “persona” pero…¿cuántos obtenemos el citado galardón?
Me levanto temprano, porque a veces necesito estar a solas , escapar del peso de lo cotidiano, de la cruda pero, por suerte , efímera realidad, que, sin embargo tanto nos puede dominar y esclavizarnos en su poderosa mentira.
Me levanto temprano para ver, para escuchar, sencillamente el sonido limpio del mar, la imagen brillante de las estrellas, el rebote del palpitar de mi corazón en el profundo mar interior . Levanto mi mirada y veo un profundo, infinito universo plagado de estrellas, pletórito de posibilidades de vida, escucho el sonido de un renovador continuo de vida que es el océano, y me siento a mí mismo, como parte de esa creación que en nada depende de mí, me siento acompañado en mi soledad por el más profundo, sabio y poderoso de los amigos , protectores y consejeros.
Hasta donde abarcan mis sentidos, hasta donde mi mente me puede llevar, todo es parte de ese amigo universal e infinito. Y me siento acogido por él, consolado por él, acompañado por él.
Y lo veo por doquier, lo siento por doquier, a mi lado, dentro y fuera de mí, más allá del espacio, más allá del tiempo,,, y me siento confiado, como un recién nacido en brazos de su delicada madre.
Y entonces siento que mi viaje está cerca, que estoy dejando pesadas cargas en el camino, que estoy levando anclas de lo superflúo del mundo, que me alejo de las negruras, que me desmorono de lo incomprensible de lo humano, que miro para otro lado, que veo por otros ojos, que me voy diluyendo de lo físico, y que lo hago a través del dolor, del sufrimiento, de las penas, porque es el pago, el tributo para elevar el vuelo limpiamente.
Y en ese doloroso proceso me siento también, en el fondo, protegido, porque en mis momentos a solas con el universo, me reconforta la voz interior, la del amigo que todo lo es, que me aconseja, consuela y toma en sus brazos, cariñoso y protector.
Me regala la noche, me regala la luz, me regala la música, me habla al corazón cuando , en mis momentos más tristes, miro dentro de mí, donde, siempre está, solícito a mi llamada.
Amo, respeto, venero la vida, pero siento sed infinita de respuestas, tengo los ojos cansados de cosas humanas, tengo los oidos llenos del sonido de lo absurdo de lo terrenal, me hieren sangrantes las lanzas de todo aquello que ensucia y degrada lo hermoso y perfecto que es la gran obra. No quiero importar, no quiero dejar tras de mí nada , sólo caminar de frente, al encuentro real y personal de todos aquellos, que en su momento fueron por sí mismo, independientes, pero que sé son parte mía, que son parte del todo. Y siempre resuena, siempre escucho, mi música, que entre latidos de corazón , entre suspiros de las luces de los estrellas, se entremezcla con mi propia esencia.
Es sólo el sonido de mi corazón latiendo, haciendo de las suyas.
Y es que en mis largos, y solitarios reencuentros, mi amigo me regala música.
Engarzado en el platino haz de la luna sobre el mar de mi océano particular, viene desde la lejanía el eco lejano, -acercándose sin prisas, tan suavemente, como el propio sentimiento que genera ,- de una canción, como si un club nocturno intemporal abriese sus puertas al infinito.
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