MI MUSICA

jueves, 17 de junio de 2010

Soy el crisol donde la vida cobra sentido. No hay nada antes ni después de mí, nada antes ni después de tí, porque en la apreciación de la vida , en la posibilidad de ser consciente de ella es donde la misma se convierte en realidad.

Nada es real, nada tiene valor si yo, si tú, no eres consciente de ello. Por eso, la vida es esencialmente un valor, una experiencia única y personal. Nada queda, nada hay  antes de uno mismo, porque en el intervalo de la consciencia es donde la vida se desgaja del eterno devenir, para convertirse en real, en tí...en mí.

Tomé prestado, como un regalo inmerecido, la posibilidad de viajar en este tramo especial de la existencia, de la rueda del eterno devenir y evolución.

Fuí niño en un cuerpo joven, y sigo siendo un niño en un cuerpo que se deslíe en el sueño de la vida, para convertirse en energía nuevamente.

Vuelvo atrás, adentro, la mirada, y me surgen rostros de seres que pasaron a otra estancia, y no logro ser plenamente consciente del significado de esta historia. Me surgen del recuerdo sus rostros, escucho sus risas que como ecos suenan en mi mente. Amigos, compañeros que pasaron, que no están ya sino en mí mismo, y que, al igual que la vida misma,  tienen existencia mientras formen parte de mi consciencia.

Soy el eco de mis miradas, de mis impresiones;  la vida me prestó la juventud y he de devolvérsela con el tiempo...y el tiempo ha pasado irreversible, y yo, en el espejo de mi consciencia, sigo siendo el niño que confiado, iluso, alegre, tomó prestada la posibilidad de vivir.

Vivir sin ser consciente, sin adentrarse en la apreciación, sin retirarse a lo más íntimo de uno mismo te convierte en un burdo espectáculo , un puro accidente del destino, que como zombie recorre el camino de la vida, ausente, perdido y vacío.

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