Post Data: el tiempo, que pasa irremediablemente, las circunstancias y experiencias personales, que, y por las que, todos hemos pasado, pasamos y pasaremos, como condición sine qua non, que nos impone la vida nos imprime y moldea nuestro carácter, aunque sea de forma inconsciente e irracional.
Pero basta con que uno se siente a solas consigo mismo, basta con ejercer el principio del "ser" humano, consciente, buscador, del autorraciocinio y de la reflexión para asimilar y reconocer que, a pesar de la autosuficiencia, de la importancia que nosotros, basada en una estúpida y soberbia ignorancia nos otorgamos y, desafortunadamente sin propósito ni finalidad, basta, sencillamente, con ejercer la condición básica que nos define y otorga la categoría de persona, para asimilar que en la sencillez, en la humildad, en la aceptación de nuestra insignificancia para la vida radica nuestra valía como seres humanos.
Desvestirnos de las vestiduras que las circunstancias, no nuestros méritos nos otorgan, reconocernos a nosotros mismos, no por la imagen engañosa, no por las mentiras que nos hemos inventado y vendido a los demás, no por el poder que ciertas circunstancias nos otorgan, sobre los demás, es la mejor manera, la única y real de conocernos ciertamente.
Es el espejo del alma el que refleja nuestra verdadera imagen. Todo lo demás es una simple distorsión que el vaho de nuestra vanidad, de nuestras mentiras autocomplacientes nos hace ver.
Mirar desde la superioridad a los demás, creernos seres elegidos , la violencia contra los otros, la vanidad y el orgullo enfermizo, son, sencillamente distorsiones de nuestra alma enferma. La muerte es la demostración palpable, diaria, inmutable que nos demuestra, que nos cura, que nos despoja de todo eso, que nos creemos equivocadamente , en una verdadera muestra y demostración de nuestro real y verdadero valor y evolución personal.
Soy la fragancia de la flor, tengo el valor de la hormiga, soy el aire que respiro, la luz del sol que me alienta...soy sencillamente vida, no el principio, el final, ni el centro de nada.
Solo así, con esa consciencia íntima, con esa actitud, recupero y adquiero el verdadero valor, el inmenso valor de ser la obra de Dios; solo así adquiero la "consciencia" necesaria para ser , la herramienta imprescindible para alcanzar la tranquila felicidad.
El reconocimiento, la asimilación de esa principal verdad, la aceptación de nuestra imagen real, y de la posición que ocupamos en la vida, por contra, lejos de rebajarnos, nos hace sentir real y verdaderamente importantes, únicos e irrepetibles; lejos de asustarnos ó hacernos sentir insignificante ó desprotegidos, nos llena de la auténtica seguridad en nosotros mismos y de la perfección del designio divino.; nos cura de la terrible enfermedad de tener que subirnos sobre los demás, para creernos más altos, cuando de esa manera no dejamos de ser otra cosa que enanos sobre la montaña, y no montañas en nosotros mismos, Floto sobre el mar, destaco sobre la superficie, pero...pero carezco de profundidad alguna, y como tal, estoy a expensas de las adversidades que me manejan y dirigen a su antojo, sin que yo sea consciente ni intervenga en el rumbo.
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