Después de todo, me basta con levantarme temprano, aún ahora, que ya me siento dolorido en mi físico, ahora que ya me pesan los años, tomar mis bártulos de fotografía y perderme en los caminos solitarios para sentirme ín tima y solitariamente feliz.
Es una necesidad que va más allá del placer de los sentidos; es una especie de requerimiento vital e imperiosa orden interior. Escapo de no sé qué, de no sé quiénes, no hay un motivo consciente, sólo una especie de necesidad espiritual.
Busco el silencio, porque "sé", porque conozco el sonido de la ausencia del ruido.
Puedo comunicarme, escuchar la voz del mundo interior, el mío, y el circundante, para entablar una íntima, profunda, enriquecedora conversación sin palabras.
El idioma de los sentimientos, el de los sentidos liberados de las cargas y ataduras materiales me hace oir y ver todo lo que está más allá de lo observable.
Soy espuma de mar, brizna, luz y viento...simplemente un nexo en el todo, sin principio ni final; vivo sereno en mi capacidad de ver, sentir y comunicarme con el entorno, en el que me sumerjo como en el más profundo y acogedor océano de experiencias y vivencias. Vivo, sencilla y sabiamente, por vivir.
Y, es que, después de todo, pese a todo, a todos, tengo una inmensa fortuna; sé comunicarme con los sentidos y los procesos de la vida, allá donde no llegan los poderes, allá dónde no hay dueños ni jerarquías,tras los muros que sólo puede escalar la humildad, la inocencia. Allá donde sólo se llega a través de una íntima comunión con uno mismo y con lo circundante..
Sí, después de todo...lo tengo todo.
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