MI MUSICA

sábado, 1 de septiembre de 2012

ME GUSTARÍA…

Nunca he entendido de envidias ni soberbias, porque no me he tomado la vida como un concurso en el que  me enfrento a los demás, porque entre otras cosas, creo que el premio que busco, no está en manos de nadie, de ningún otro, y por tanto, ningún  otro , nadie, es obstáculo para realizar mi deseo, culminar mi camino. No lucho contra nadie, porque no es esa mi lucha.

Me sé diferente, me sé extraño, quizás incomprendido, quizás apartado, pero también sé que el camino hacia el despertar, es duro, difícil, limitante en muchos aspectos. Es como un minero que se afana en profundizar en su propia mina: cuánto más abajo más alejado de todo, más  adentro de uno mismo, más separado de lo externo, lo cotidiano, el ensueño del mundo de la luz, de lo tangible, que en verdad, no es sino el engaño de los sentidos.

Ese deseo, ese proyecto, ese afán es algo superior, innato, como una misión anclada en los genes. Es una llamada acuciante a la que he de responder irremediablemente, afanándome en una misión en la que he de valerme con mis medios particulares y limitados. Pero es un camino de magia, en el que tras cada paso, tras cada esfuerzo, pareces recuperar energía, renovarte y acrecentarte, descubriendo en tí aspectos desconocidos para tu intelecto.

Es una soledad compartida con el mundo en silencio, más allá de lo superflúo de las relaciones, más allá de  la apariencias de la conveniencia y satisfacción personales, del mercantilismo de sentimientos y necesidades compartidas, fruto de una soledad e indefensión mucho más profunda: la de la soledad consigo mismo, el silencio de la conciencia, que parece enmudecer en el griterío de lo mundano.

No, no estoy solo, estoy en compañía del mundo eterno, porque vivo mis silencios como música, mis ausencias con las compañías, como encuentros con el infinito mundo de la creación. Cada soplo de aire, cada mirada, es un infinito espectáculo para mis sentidos,

Excavo mi pozo, de forma diferente, es cierto, pero en libertad, y respetando la libertad ajena. No critico, no me preocupa, no me afecta, el trabajo ajeno. Quiénes se afanan en construir anchos pozos, llenos de objetos, cargado de riquezas, de poder, encuentran en ellos su propia cárcel, su vacío lleno de posesiones temporales. Quiénes se afanan en profundizar, encuentran tarde ó temprano un manantial de aguas cada vez más límpidas y clarificantes, llenas de poder vital, enriquecedora y vivificante. El camino es, sencillamente, la única y genuina misión, la única cierta y perdurable. El encuentro con uno mismo, es, sencillamente, el encuentro con el todo.

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