NO hay otro camino hacia el interior, no hay otra ruta hasta el manantial que discurre tras lo superflúo que aquél que atraviesa el terreno de la soledad. Cerrar los ojos, detener el tiempo, frenándolo, ralentizándolo en cada soplo de aire, es el punto de partida hacia la aventura a uno mismo. Desgajarte de aquello que te mantiene ocupado, atado a lo físico, engañado, esclavo de lo irrisorio de lo palpable por los sentidos básicos, es romper las barreras, es poner alas , es dar rienda suelta al potencial innato de la vida que radica en tí, en quién eres realmente, no quién aparentas ser. Incluso a tí mismo, te engañas y engañas, se engañan y te engañan. Tú no eres ese, eres sólo tú., en tí. Eres el diálogo eterno con el Dios infinito que palpita en tu interior.
Cierro los ojos, y en mi soledad, en esa buscada, en ese inmenso lago de mis adentros, cierro los ojos y todo lo veo. Miro el cielo estrellado de mi universo interior, y las estrellas suenan a Barrry White, a Luther Vandroos, a Will Downing, a James Ingram, a Patti Austin, a Diana Ross , a Maysa Leak…, y la soledad se transforma en el más hermoso y atesorado de mis bienes y regalos inmerecidos del creador hacia mí. Están ahí, siempre fulgurantes en e mi cielo, para mí…
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