MI MUSICA

viernes, 19 de julio de 2013

Los niveles

Aún hay quiénes no encuentran la diferencia entre las creencias y la conciencia, quiénes argumentan sobre ciertos temas con datos, nombres, hechos y demás pruebas materiales, aprendidas, embutidas en el cerebro humano, por no se sabe quién y desde cuándo, ni tampoco con qué motivos e intenciones. Todavía hay quién le pone nombre y características a Dios, quiénes le otorgan deseos y necesidades, prejuicios y amistades. En fin, hay quiénes hacen de Dios una especie de político, de esos a los que tan acostumbrados estamos últimamente a ver reflejados en los periódicos. Dios es y tiene normas, Dios es y tiene amigos, Dios actúa por y según sus intereses, Dios es el jefe de un clan de seguidores, a los que beneficia y perdona haciendo  uso y gala de un amiguismo político. Dios es y pertenece a unos cuántos qué lo defienden y protegen aún a costa de ejercer el poder de la tiranía, la violencia y la muerte absurda en su nombre.

Es fácil pasar de un lado a otro, de un extremo a otro, cuando actuamos no por el poder de la conciencia, sino basándonos en las creencias impuestas sutilmente – y a veces no tanto-, porque cuando no prima el corazón, cuando no escuchamos la voz del alma, que es la verdadera Biblia, esa que permanece  escrita intemporalmente en el corazón de cada ser de buena fe que se cobija en el universo, en el espíritu del buscador, del que anda en el camino de la realización , del encuentro con lo divino, con la divinidad que habita en el profundo reino del alma, porque cuando, en definitiva, actuamos “ desde fuera del corazón”, nos convertimos en simples marionetas, mecanos dirigidos y gobernados al antojo de intereses ajenos.

No pienses, te argumentan, no opines, aseveran enojados, porque todo es según lo escrito, según lo pactado. Ese Dios te da libertad, inteligencia, conciencia, autoraciocinio, pero no permite que la utilices, porque con ello cometes blasfemia, perjurio, porque con ello niegas su existencia, porque con ello rompes las reglas de un juego, el juego humano, de materializar , recrear y conformar un Dios al antojo de creencias, normas y estilo típica y puramente humanos.

Intentamos meter a Dios en nuestra cabeza, limitada en tamaño y capacidad, limitada  en su propia cárcel. Dios no nos necesita como necesita un político que le votemos y aclamemos, no sabe de soberbia, no sabe de vanidad. “ ES”,  al margen de sentimientos y capacidades, normas y limitaciones humanas. Dios sólo cabe, sólo encuentra cobijo en el corazón, vive en el reinado del espíritu de los sencillos y humildes, de los que buscan y ansían descubrir y descubrirse, de los que arañan en las murallas del castillo interior, en la plenitud del ser.

“Su reino no es de este mundo”, porque este mundo es limitado, es un ensueño, una prueba afortunada, en medio del camino, un instante perdido, un aula de aprendizaje y examen en el camino del espíritu. Quiénes se apropian, quiénes actúan por la fuerza en su  nombre, se han apartado del camino, para ser siervos y servidores de otro poder, quizás, la antítesis de la divinidad, el lado obscuro y vacío , el reinado de la sombra.

Dios es y está, para todos, en cada instante de la vida, independiente de credos, de religiones, de creencias, esas que no son sino manifestaciones de nuestras capacidades, necesidades , prejuicios e intenciones partidistas.

Dios es y está en cada soplo de aire que entra en nuestros pulmones, en cada acto de buena voluntad, en cada arrepentimiento, en cada buena intención, en cada instante de comunión y agradecimiento por la vida, en cada acto de respeto y veneración hacia ella. Dios es y está, se percibe, profundamente, en absoluta y plena felicidad, cuando escapas de todo para regresar a tí, que es lugar para la reunión, para escuchar, para sentir la presencia divina. Es el corazón el lugar de encuentro, el lugar , el único, donde se puede adquirir no la  creencia, sino la conciencia de Dios, sin atarecos, sin miedo, sin dudas, sin condiciones, donde Dios deja de  ser un acto mental, material, de nuestra engañosa y fabuladora mente, para hacerse habitante del eterno mundo de nuestro espíritu, libre de condicionantes humanos, lejos del acoso de religiones y dirigentes. Dios es el beneplácito del encuentro de tí con el fruto de la buena fe de la búsqueda que impele el corazón de los que sienten la llamada interior, allá donde estén, sean de la raza que sea, independientemente del color de su piel, de sus creencias. Dios es el resultado de la búsqueda libertaria de la conciencia del ser, es el resultado, el buen hacer, de la  “cierta intención”.

Dios “es”, en cada instante que te recreas en él, liberado del acoso del tiempo y la mente, en cada mirada, en cada agradecimiento humilde, en cada pulso del corazón de la conciencia, que palpita más allá de la cárcel de la materia, temporal y sometida. Dios es vida, alegría sana del vivir. Para mí, en mí,es…MÜSICA, pura y perfecta onda, vibración eterna y creadora.  Dios, como ella, se escucha, se hace eco, se disfruta desde y para el corazón, en el silencio sonoro del interior de quién busca humildemente, sin protagonismos, sin deseos, sin acosos ajenos, sin creerse elegido, sin necesidad de acólitos, sin deseos de crear escuela ni partidarios, sin intención de convencer a nadie de verdad alguna, solo de hacer entender, que hay algo hermoso por descubrir, y que el camino es obra de cada uno, su responsabilidad, su obligación y su deuda, individual, personal, íntima. PIENSO, CREO, INTENTO…en la búsqueda interior del Dios eterno, aconfesional, con la humildad, con la sana intención, con el uso de las armas interiores, las posibilidades, que ha puesto en mí, sin miedos , en la tierna complacencia de quién es el nombre del amor, de la sabiduría, el entorno en que –todo- se cobija y existe,

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