Todos sabemos la evolución del hombre; empezamos al nacer siendo seres humanos, luego, tomamos conciencia de nosotros mismos, nos convertimos en individuos, y con el paso del tiempo nos formamos y alcanzamos el estado de persona. Esa es la lógica consecuencia de una correcta evolución, pero no ocurre siempre así, y, especialmente en el tercer estadío, hemos de permanecer en constante estado de vigilia y evolución, porque para permanecer en él hemos de ganárnoslo cada instante, hasta el final de nuestros días. No es un título , es una actitud de lucha continua en pos de permanecer en ese estado.
Decía el maestro que hay esencialmente tres tipos de seres humanos, los ruines, los imbéciles y los buenos. Los ruines se aprovechan de los imbéciles, y ambos se ceban en los buenos. Desgraciadamente, aseguraba el maestro, cada día son más frecuentes, más abundantes ,los imbéciles y los ruines. En una época de pérdida de valores, de decadencia económica, de falta de conciencia personal, el terreno parece sólo plantado, invadido, por malas hierbas. Ante el desánimo del discípulo por la aparente miseria reinante, el maestro le aseveró serenamente, que agazapado entre el pestilente mundo, bajo el aparente poder del reinado de la plaga de malas hierbas, dormían poderosas las más hermosas semillas, las más ciertas, las indestructibles, las que conservan el poder de crear, y regenerar la vida, realmente, como ha ocurrido desde el comienzo de los tiempos. Todo el poder de la vida está en ellas, sólo en ellas. Antes de pasar la guadaña para proceder a a la siega , hay que levantar la espiga. para cortarla de raíz. Ahora el mal se alza erguido sobre el bien, en un acto de estúpido alarde de poder, pero es solo temporal, porque se acerca el tiempo de proceder a la siega, como ocurre, como ha ocurrido, una y otra vez a lo largo de la historia de la humanidad. No luches, no seas soberbio, mantente agazapado en tí mismo, descubre, mantén, todo el poder de la vida en tu interior, sé semilla de vida, esperanza de futuro, porque la fuerza de la vida está encerrada en tí.
No seas ruín, no seas imbécil, sé sencillamente humilde, reconocedor de tus miserias y debilidades, pero esencialmente bueno, mantente al margen del caos reinante, sé constante y agradecido de ser tú mismo, porque te convertirás en semilla prometedora, en diamante oculto a la codicia.
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