La vida es, sin duda, hermosa , pero la belleza tiene sentido sólo en la mirada de quién la contempla. Mirar y no ser capaz de captar la maravilla de ser y estar, de formar parte del increíble espectáculo de los sentidos, es, sencillamente, ser el peor de los inválidos. Es la peor de las mutilaciones; estropear la posibilidad de poder sentir realmente, lo cierto, lo esencial de la mirada, de cualquier ó por cualquier forma, es cometer el peor de los crímenes, y estúpidamente, atentar contra uno mismo, contra la posibilidad de ser uno mismo.
Ver con la mirada serena, humilde y agradecida el espectáculo de la vida, y recrearte en tus propias impresiones sobre este simple acto, es el punto de partida de la verdadera felicidad.
Fotografiar es, para mí, reflejar materialmente, la propia impresión sentida, sin más, sin pretensiones…porque no soy fotógrafo, no lo pretendo, no me preocupa cómo me cataloguen en ese sentido. Sencillamente tomo la cámara para respirar la belleza que soy capaz de captar para mí, conmigo mismo, a solas, a sabiendas que es mi mirada la que capta, valora y siente. No me sirven, no me afectan juicios, porque el valor de lo dado ya ha hecho su efecto en mí. El regalo está ahí, la posibilidad, la capacidad de valorarlo también…todo en el mismo instante, en el instante del encuentro, en el hecho de estar ahí, aquí, conscientemente, en la posibilidad de la maravillosa oportunidad de recrearme con la conciencia del mundo de la ilusión de los sentidos. –No soy fotógrafo- le contestaba a un compañero que me decía que lo mío no eran fotografías, sino trucajes digitales. No soy fotógrafo, le repetí, que yo no hago retratos, no hago falsas copias realistas de lo que veo, que eso ya lo hace la cámara. Yo miro con la cámara hacia fuera, para relevar lo que veo dentro de mí, y eso, es un acto sencillo, de recreación , de comunión con lo efímero de los sentimientos y las impresiones.
Fotografío mis miradas…mis impresiones, sin más, sencillamente, sin vanidades…
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