MI MUSICA

miércoles, 7 de noviembre de 2012

TIEMPOS PASADOS, ESOS QUE FUIMOS

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Tengo 53 años, y el tiempo deja en uno, imágenes, experiencias y vivencias, que, de manera tangible ó visible en unos casos  y en  otros de manera soterrada o sumidas en la inconsciencia, ejercen su acción sutil ó enérgica en nosotros, en quiénes somos en el presente . A modos de cicatrices -unas veces- y a manera de heridas abiertas y sangrantes, nos hace ser quiénes somos, nos influyen, nos presionan . nos conforman en nuestra identidad, en nuestra percepción y visión del mundo.

No me gusta la política, en esencia, porque la práctica me la muestra como lo que no debe ser, en mi forma de ver, de pensar y sentir. Fui un  joven  esencialmente tímido, inquieto personalmente, introspectivo, pleno de vida interior, en ese mundo donde uno se refugia para encontrar la llave, su punto de encuentro con las preguntas y respuestas a sus propias cuestiones. Ese lugar  al que obligatoriamente hemos de acudir en nuestro camino al  encuentro del “ ser persona”, en ese estadío de muda, de metamorfosis, en ese periodo de cambio, donde hemos de desprendernos de lo vanal de los instintos puros, irracionales, para tomar consciencia de nuestra esencia.

Fuí  joven, tenía grandes ideas, discutía por todo, en defensa acérrima de mi forma de pensar, de mi visión. Pensaba que con ello podía cambiar el mundo. Me confundía. Puse mi vida, mi alegría en manos de amigos, de parientes, de… Planifiqué en base a ideales, construí con materiales etéreos mi propia obra, en definitiva. me desnudé  frente al  mundo.

Cuando acudí al encuentro del ser interior, las cosas tomaron otro rumbo. Sin dejar de reconocer y aceptar mi presencia en lo físico, tangible, y cotidiano, me reconocí en mi esencia, me bañé en la luz de mi verdad, y asintiendo y asimilando la realidad de lo temporal, material, me revestí de una armadura, perfecta, que me dió y otorgó una nueva capacidad.

En esencia, la humildad, para reconociendo mi insignificancia, valorar mi importancia, en esencia, mi capacidad para valorarme no de cara a la galería, para medirme no con la vara ajena, , en esencia, para comprender , entender el íntimo placer de vivir, en esencia, para entender, asimilar, y aceptar lo mudable y fugaz de cualquier estado presente, más fugaz que el batir de alas de una mariposa.

Cuando puse mi vida, no en manos de ideas, presencias, ó en mudables estados pasajeros, fue cuando, despojándome de todo, lo reconstruí de nuevo todo, dándole el verdadero valor, encontrando el matiz real de mi condición de ser.

Cuando me despojé, lo poseí todo, cuando me dejé llevar, puse rumbo, tomé verdadero control del viaje, del destino, cuando cerré los ojos, ví la verdadera luz, cuando dejé de oir, escuché el verdadero eco del sonido. Fué entonces, aún joven, cuando ví más allá, escuché más allá, entré en contacto con la más eterna, fiel, y sabia de las compañías. Fué entonces, aún joven , cuando la música se me reveló como esencia, como vibración, como estructura de mi propia estructura. Era eco de mí mismo. Fue entonces cuando alcancé el éxtasis supremo del contacto íntimo, personal, directo con la naturaleza.

Cerraba los ojos y lo veía todo, apagaba el volumen de lo cotidiano, y surgía la melodía interior, el discurso sabio, amigable, del poder eterno, de la consciencia universal.

Me dí cuenta que los cambios, que el poder, que la labor frente al mundo, era la que tenía que hacer con y para mí. Que el mundo se cambia desde y para dentro, que el poder está en uno, que la felicidad es personal sabía, íntima y solitaria.

Y cuando me sentaba frente a la noche ó delante del amanecer, así, en ese estado de conciencia, me sentía el más querido, el más acompañado, el más pleno y feliz, porque ese sentimiento estaba en mí, dentro de mí, no dependía de nadie.

Y en ese estado de consciencia, en soledad vívida, serena, buscada, me sentía plenamente acompañado, plenamente unido a todo y todos, fuera de la obligación de lo social, del mercantilismo vanal de la vida material, social . Le dí la vuelta al mundo, y me encontré con las raíces de todo, con el lugar donde todo surge, donde todo se crea, construye y transforma en continuo devenir , donde no existen nombres, donde no hay muros, donde todo se con funde en una única cosa, eterna.

Yo soy tú, yo tu música, yo lo que escribes, porque tú y yo, somos un país sin fronteras, ilimitado, sin barreras.

Humildemente, plenamente feliz y confiado, centrado en mí, ando por tus derroteros, que son los míos. Siendo solo soy compañía, siendo silencio soy música, siendo introspección soy íntima conversación.

Sí, siendo joven comprendí, que el  mundo se cambia desde dentro, por y para tí…  cambias el mundo de afuera. Sólo así, solo hacia dentro sales hacia fuera, solo a través del túnel llegas a la luz. Y siendo joven dominé el tiempo para seguir siendo… joven.

Y ahora siento música, siento luz y paisaje, recorro infinitos rincones, sin moverme, ahora hablo con el compañero, con el amigo eterno, en soledad, ahora puedo, ahora sé,  simplemente, ser yo, puertas adentro, con las ventanas abiertas. Ser mundo, es el camino interior.

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