Te asomas cada dia a medios de comunicacións, y siempres ves y escuchas lo mismo. Noticias sobre el ansia de poder, sobre el acúmulo de riqueza ganada con el hambre y el dolor ajenos, mafias gobernando, incluso detrás de aparentes democracias, normas y leyes dictadas por quiénes son los primeros en no respetarlas e incumplirlas.
Falsas religiones apropiándose del derecho sobre Dios, ejerciendo todo tipo de barbaries, en su nombre, como autoproclamados embajadores divinos, elegidos, secretarios en la tierra del poder eterno y universal, ese que no profesa credos ni tiene límites en cuanto a razas ni otras consideraciones únicamente humanas.
Mafias ejerciendo la tiranía, maldad, beneficios a costa del sacrificio y dolor de los demás. ¡qué poco hemos aprendido, qué lejos, cuánto nos hemos apartado del verdadero camino!
Final de los tiempos, sí, ya, desde nuestro propio corazón, desde el profundo interior de cada uno de nosotros. Escucharse a sí mismo, es hablar con Dios, es poner orden y sentido a nuestra propia vida. El camino de todos depende de nuestro propio camino. Todos andamos, debemos hacerlo, la misma meta, y separados, cada uno trabajando su senda, uniremos las fuerzas, desde la individualidad, desde el sacrificio, desde la buena voluntad, desde el ejercicio de nuestros ciertos e inequívocos deberes como ser humanos.
Escucharse a sí mismo es escuchar el verdadero latido del corazón de la vida. En tu silencio interior se proclama el sonido divino, el eco del palpitar del misterio de la creación. En tí, para tí, por todos para todos, el mundo es, tu eres tu única meta, tú el único objetivo a perseguir, tú la labor por realizar, tú el punto de comparación, el punto de encuentro con el todo. Tras de eso, el encuentro con los demás, con el misterio resuelto, el encuentro con la verdad real, esa que se nos escapa al poder de lo físico, esa que nos responde a ecuaciones matemáticas ni planteamientos matemáticos, juegos ilusorios de la mentira de la mente, que nos ciega y engaña, nos aisla de la libertad del ser.
Tú eres la única razón de ser tú mismo, irrepetible, misterioso, divino… y en tí, cada uno de los demás seres del infinito universo, en continua y eterna existencia:
Lloro cada día, cada instante, rezo pidiendo fuerza, rezo pidiendo capacidad por entender el por qué de las cosas, el sentido de esto que veo y me sucede, cada día, cada instante. Alzo los ojos, y cruzo mis manos, hacia dentro, hacia el corazón, buscando la luz, buscando apaciguar el dolor del alma. Amo la vida, me maravilla contemplar, cada dia, cada instante, cada fugaz y atesorado segundo, la maravillosa magia de sentirme vivo, así, cada día, cada instante fugaz, en cada amanecer, en cada fulgurante atardecer a bordo de la inverosímil nave del tiempo.
Cierro los ojos para percibir las maravillas del mundo en los sentimientos provocados en mí, así, cada día, cada segundo del tiempo del vivir. Cierro los ojos, y aprieto mis manos , hacia el corazón, para rezar, en silencio, callado, por cada instante, cada segundo de este tiempo que no logro encontrar el sentido de esto que veo y escucho fuera de mí, cada instante .
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