Miro, y escucho las noticias y situación del mundo que me rodea con incredulidad, escepticismo, y tremenda pena. Uno que ya pasa de los cincuenta, y que sin haberse movido de su sitio, ha volado con la mente por parajes recónditos, uno, que sin ser entendido diplomado , es entendido con cierta sabiduría que da el pensar por sí mismo, libre, sin tener que pagar peajes a nada ni a nadie, uno que se ha forjado una visión del mundo que va más allá de los límites del horizonte de lo físico, uno, que piensa más en lo de allá que en lo de acá, porque por hacerlo se pierde la alegría, no deja de sorprenderse a cada instante, y apenarse por el estado del mundo. No me gustan las clases sociales, defiendo al ser humano, lo valoro y admiro en sus posibilidades y creo que el principal argumento de una persona es la dignidad, el valor personal, sus méritos individuales, su labor y aprendizaje personal, su evolución mental y espiritual. Y eso es precisamente lo que no veo en quiénes rigen y gobiernan. Son el poder, no de la razón, de los valores, de la imagen y el buen ejemplo. Son la casta de la miseria personal, del pillaje, de la falta de escrúpulos, son los servidores del poder y la fuerza de mafias y poderes brutales que nos aprisionan en el reino del mal.
Todos somos culpables, todos fracasamos , todos tenemos culpa, es cierto, los que hacen y los que dejamos hacer , los que nos aprovechamos y los que miramos hacia otro lado. Un mundo mejor, nuevo, renovado, con nuevos y diferentes puntos de miras y objetivos es plausible.
Quizás esto sea el preludio del final, pero al mismo tiempo el fin de esto, sea el principio de algo nuevo. Renovarse ó desaparecer es la orden del Universo; no queda lugar para los violentos, para los elegidos por sí mismos, para los soberbios, para los egoistas, para los falsos amigos, para las amistades aprovechadas. Y el cambio es el camino hacia dentro, para explotar renovado hacia fuera, pletórico de belleza y sana alegría. El cambio es el camino del corazón, es la contemplación ensimismada de la naturaleza. La fuerza está en el poder de la humildad.
No quiero ser pasajero de este barco, no soy nadie a los ojos del mundo, pero soy hijo de la creación, adorado y querido, amado y amante del mundo, al que venero con humildad, y sencillez , con la inocencia de un niño inocente y servil . Quizás mi paisaje, quizás mi mundo, quizás mi patria esté del otro lado, y por eso miro, más allá de mis propios límites, intentando traspasar la muralla, intentando encontrar la puerta de salida , para escapar con los deberes hechos hacia la libertad del reino del espíritu.
Todos somos culpables, todos fracasamos , todos tenemos culpa, es cierto, los que hacen y los que dejamos hacer , los que nos aprovechamos y los que miramos hacia otro lado. Un mundo mejor, nuevo, renovado, con nuevos y diferentes puntos de miras y objetivos es plausible.
Quizás esto sea el preludio del final, pero al mismo tiempo el fin de esto, sea el principio de algo nuevo. Renovarse ó desaparecer es la orden del Universo; no queda lugar para los violentos, para los elegidos por sí mismos, para los soberbios, para los egoistas, para los falsos amigos, para las amistades aprovechadas. Y el cambio es el camino hacia dentro, para explotar renovado hacia fuera, pletórico de belleza y sana alegría. El cambio es el camino del corazón, es la contemplación ensimismada de la naturaleza. La fuerza está en el poder de la humildad.
No quiero ser pasajero de este barco, no soy nadie a los ojos del mundo, pero soy hijo de la creación, adorado y querido, amado y amante del mundo, al que venero con humildad, y sencillez , con la inocencia de un niño inocente y servil . Quizás mi paisaje, quizás mi mundo, quizás mi patria esté del otro lado, y por eso miro, más allá de mis propios límites, intentando traspasar la muralla, intentando encontrar la puerta de salida , para escapar con los deberes hechos hacia la libertad del reino del espíritu.
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