El sistema por el que nos hemos regido, en el que hemos estados viviendo y conviviendo, es peculiar y muy difícil de comprender a mis entendederas,- cosa nada extraña- dada mi escasez de recursos intelectuales, (lo que al final no sé si es una desventaja ó un privilegio existencial).
Sistema impuesto y dirigido por no sé bien qué poderes, porque haberlos los hay, y no están probablemente delante del telón, sino agazapados detrás del escenario, donde se protegen, donde viven en un mundo aparte, y desde donde nos manejan como marionetas.
El sistema no puede dejar de crecer, es una maquinaria infatigable que no puede parar, porque como un avión, debe mantener el vuelo para no caer por su propio peso. Es como una bola de nieve que rueda colina abajo, cada vez más grande, conforme aumenta la población, conforme se le incorpora nuevos miembros, véase paises ó comunidades.
Eso equivale al mismo tiempo a una sobreexplotación de los recursos naturales, un aumento de la contaminación… lo que la convierte en un arma de doble filo. Si crece es el caos, y si deja de hacerlo es el caos también. Complicada encrucijada, complicado dilema, en el que nos sumerge nuestro estilo de vida.
Eso al margen de lo que implica sostener este estilo, esta forma de vida, porque para mantenerlo, ha de haber quiénes la mantengan, quiénes aporten más de lo que consumen, quiénes, como hormigas soporten el peso del trabajo, quiénes se conviertan en mano de obra barata, quiénes pierdan sus derechos, que vivan como alienados al margen de consideraciones “democráticas y de igualdad”.
Ellos lo saben , ellos se protegen, y mejor no dejarse llevar por ideas paranoicas y de conspiración, para explicar y encontrar las formas en qué lo hacen. Crisis, recesiones…quizás, quizás sea una forma programada, para intentar ponerle freno a esta bola de nieve que rueda colina abajo, arrasando la naturaleza, contaminando, alterando nuestra capacidad de valorar y juzgar el mundo, desvirtuando la verdadera forma de vivir, degradando nuestra moral, el concepto de nosotros mismos, generando injusticias.
Revisemos conceptos, acudamos a la voz de la conciencia, porque nadie es feliz realmente si a su alrededor hay miseria y tristeza. Yo, yo me declaro víctima y culpable, yo me sé juez y verdugo, y duermo, sueño, acongojado por el dolor y la culpa, por el peso de las noticias, de las imágenes de guerra, de sacrificios absurdos por falsos dioses, de estafas y mafias.
Seamos humildes, escapemos de la cárcel de los sentidos, de los valores impuestos, de las ilusiones vanas, regresemos al camino interior, para poder aprender a juzgar lo exterior. Construyamos los cimientos antes de intentar sostener en pie el edificio. Veremos que en el silencio nos habla la más hermosa voz, en la humildad se recrea la sabiduría, en la serenidad y la inocencia, el mayor poder creador, en la aceptación la clave de la felicidad. Regresemos a nosotros mismos, con humildad, dejemos atrás la falsa idea que somos merecedores de todo, de que somos lo único, y descubriremos el verdadero valor de lo que somos real y esencialmente, al margen de ropajes y posiciones sociales, que son siempre temporales, vanas e ilusorias. Somos la parte hundida del iceberg, la parte más profunda, la que sostiene, la que evita que el bloque se tumbe. Y disfrutemos, empero, de lo hermoso que la vida nos da, delo que somos capaces de construir, de nuestros inventos y adelantos, de nuestros hobbies, pero con otra visión, con otra actitud, porque ambas cosas son posibles.
Eres, lo único y mejor que Dios te ha dado, disfrútalo, agradécelo, valóralo y respétalo. Ponte en comunicación profunda con la naturaleza, de forma pasiva, como simple brisa de aire que recorre mares y montañas,y verás, descubrirás, cómo nunca antes había, cómo siquiera podías sospechar poderse sentir. Sólo tú, contigo, estarás con los demás, consciente y plenamente. Saber, no sé nada, entender no entiendo nada, pero sentir…sentir…sentir es mi mayor lujo.
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