Cuando uno ha bajado - ó subido-al reino del corazón, cuando uno ha iniciado el encuentro, cuando ha tenido la casualidad de intuir, siquiera por un instante intemporal, la visión del ser eterno, volver atrás, regresar al mundo de lo tangible, es un duro regreso.
Vivir habiendo sentido, es regresar al infierno, es volver al mundo de las mentiras, del engaño, de lo superflúo. Es revolcarte en la pocilga de la miseria humana, del mal, es enturbiar la mirada con las imágenes del reino de la violencia y el poder.
Cerrar los ojos para sentir la caricia de la música, el eco del sentimiento en los recodos del alma, es permanecer aislado al otro lado de la mentira.
Música es aire fresco, es caricia sutil, es enamorarte cada segundo, es sentir la inspiración del vivir, es enajenarte de la cárcel de la materia.
Desde el cielo, desde el corazón, el sonido eterno , la voz universal de la música, es la compañía de los solitarios, es la voz que acompaña a quién está en su ser.
Gracias a quiénes me han acompañado, quienes han arrullado mis soledades, quiénes me han regalado el elixir de la felicidad, magos del espíritu, habitantes del mundo que anhelo y espero ansioso.
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