MI MUSICA

jueves, 6 de octubre de 2011

Cuestión de humildad…sabia

Alguién preguntaba si un martillo que golpeaba contra el suelo al caer, hacía ruido, en el caso de que no hubiera nadie que lo pudiese escuchar.  Es una cuestión típicamente budista, de esas clásicas y aparentemente sencillas preguntas que nos suelen hacer los niños, pero que, en su aparente inocencia ó frivolidad intelectual, nos dejan mirando hacia otro lado ruborizados.

Es una cuestión que nos habla de la relatividad de todo, de lo onírico de la propia existencia, porque en definitiva,  ¿existe la vida si dejo de tener consciencia de ella? , ó, visto de otro modo, ¿ todo es porque yo tengo consciencia de ello?.

En el fondo, todos tenemos esa voz acallada, que intenta hacerse eco en el tumulto de nuestra lujuriosa vida, en la que permanecemos enfrascados,vanidosos y soberbios, absurdos creyentes de nuestra superioridad, y a la que hacemos oidos sordos, quizás por miedo, pero sin duda alguna víctimas de una profunda ignorancia vital.

El camino, mi camino ha sido largo, duro muchas veces, con razones para plantearme dudas sobre la existencia de algo más que este absurdo temporal, este instante que dura un soplo para apagar la llama de la vela, y sin embargo, tras cada repecho del camino, he encontrado el empuje necesario, tras cada duro esfuerzo el descanso requerido, para hacerme ver que no estoy solo, que no es un castigo, sino una deuda a pagar para liquidar las cuentas pendientes, por mi propio bien y tranquilidad.

Conceptos como pobreza, felicidad, poder…han cobrado para mí un nuevo  diferente sentido . Equivocadamente  -bajo el concepto de la mayoría -  me he vuelto un “pasota” de lo cotidiano, pero es que sencillamente me he sentado en la posición de loto, así… aquí, al borde del camino, donde el tiempo deja de ser , para enfrentarme a las preguntas interiores, para asimilar que, todo lo exterior es una simple costra, un simple parásito de mentiras adosado a la verdad de mí mismo.

Cruzo parajes en soledad, me siento, cansado, para tomar resuello, miro alrededor mío sin otra intención que ser y estar…recuperar el verdadero ritmo vital.

Miro alrededor y miro dentro mío, y me siento no como algo independiente, sino como un prisionero de la mentira de la realidad,  como una botella llena de agua flotando en el inmenso océano de la existencia infinita y eterna. Sólo una cáscara de frágil vidrio me aisla del  mismo contenido, del principio universal que lo conforma todo. Soy agua, temporalmente apartada del océano, en un instante fugaz que conforma esto que llamamos vida.

Y es así que lejos de sentirme triste  ó perdido, me siento lleno, es así que lejos de verme temeroso me siento confortado, porque lejos del deseo, lejos de la necesidad de satisfacer tantos instintos atávicos, de  la  búsqueda del placer, me siento menos dependiente del mundo, menos necesitado, y al mismo tiempo…profundamente enamorado del placer de vivir así, con otro estado mental, desde otro punto de vista.

Sentado al borde del camino, sin tiempo, con todo el tiempo…cuestión de humildad…sabia.

Caminando despacio, atesorando el tiempo en el silencio interior, respirando el placer sincero, desnudo, de ser, confundiéndome en ti, en ello, en el ser real y eterno, así, al borde del camino, rumbo al sol, solitario empedernido, suena la música compañera del viaje hacia el encuentro.

Nubes edulcoradas con luz de sol del amanecer, rocío espolvoroeado de diamantes, así amanece la vida en el mundo interior, cada segundo, cada instante…cada pulso es…un acorde, cada respiración…una estrofa. Musica, poesía, vida…

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