Escapo de la rutina del correr monótono de los días, del ver pasar el tiempo, acomodado en las bienaventuranzas, dolorido por los pesares, así, a medias, entre los polos del universo del vivir. Amo la vida, así, en silencio, en la acallada voz del mundo interior, caminando por los senderos de las apariencias, escondiéndome en
los atajos del vivir hacia dentro, haciéndome amigo de mí mismo, buscando la sombra de mi propia experiencia de vida.
Miro en el fondo del pozo interior,, allá donde se refleja en las quietas aguas del saber interior, la propia y verdadera imagen de uno mismo, allá donde converge el espíritu con la creación, con el ser universal, la conciencia que crea.
Comparto a solas, que no sólo, el increíble espectáculo de vivir, luces y sombras, sonidos y silencios, comparto con la propia vida el placer de vivir , como amigos que se recrean el uno en el otro.
Vivo por vivir en mí, la experiencia de los sentidos, el placer de escudriñar el valor de la experiencia de este increíble viaje a través del engañoso mundo de lo tangible.
Amo vivir, de lo aprendido, amo vivir por vivido, amo por sentir que vivo…vivo por amar lo aprendido…
Y en el silencio de la voz interior, cuando el pasaje del viaje discurre entre las acalladas aguas del espíritu, acariciante suena el rumor de las playas musicales del territorio interno, suaves y serenas olas de música lamen la arena de la orilla.
Allá donde vive el silencio del espíritu resuena la música, esa que se siente y escucha con el corazón, tras cada latido del mismo corazón que impulsa la vida, música y vida, acompasados , marcando el ritmo del corazón de lo creado.
Este es el vehículo del corazón, el lenguaje del espíritu, la llave que nos permite pasar al mundo de los sentimientos. Música es amor, música es sentir el sonido del silencio, porque el silencio suena a música, no a ausencia. Escucho música, porque es el instrumento que me abre las puertas de mi propio mundo interior. Así, a sólas viajo a través del silencio de la noche, así me sumerjo en las infinitas aguas interiores , recreándome en cada nota, en el propio eco del goze de vivir en la caverna de los sentidos.
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