MI MUSICA

martes, 8 de febrero de 2011

QUE LEVANTE LA MANO…

.Y es que por mucho que lo veamos, por mucho que lo experimentemos en nuestra vida, siempre nos queda un punto de incongruencia intelectual y sentimental, que nos hace vivir en la supuesta ignorancia, en la fantasiosa idea de que las cosas son de otra manera, que las historias ajenas son  simple anécdotas, que lo que a otros les pasa, a nosotros nos adelanta por la izquierda.

Pero miremos donde queramos, aunque metamos la cabeza en la arena como las avestruces, la realidad, está por encima de nuestras mentiras, de nuestros prejuicios, de nuestras ensoñaciones y fabulaciones.

Somos elementos perecederos, todos, somos simples granos de arena en el desierto: guapos, feos,  pobres, ricos, inteligentes ó elementales, todos, todos, compartimos un mismo destino, convertirnos en …

Aquellos que miran por encima del hombro, aquellos que se consideran superiores

(en base a un baremos que él u otros, equivocada y estúpidamente han establecido). aquellos que miran alrededor y dentro de sí mismos, con las gafas oscuras de la soberbia, con los cristales empañados de ignorancia, no son sino pobre ilusos, engañadores de sí mismos.

Arreglémonos el pelo, tiñámoslo para esconder las canas , pongámonos medias para esconder las arrugas de nuestras piernas, ciñámonos  una minifalda, adoptemos el estilo de una adolescente, y salgamos a la calle intentando aparentar ser una  joven.

No haremos otra cosa que captar las miradas y los comentarios  de quiénes tienen conciencia de sí mismos.

Puedes creerte lo que quieras, estás en tu derecho, pero engañar ó, engañarte a tí mismo 

no es posible, salvo que tengas un grave desarreglo emocional, psicológico ó físico.

Este mismo símil es aplicable a quiénes se visten con ropajes de “gente importante”, de divos y profetas, de guapos,  a quiénes se creen de casta ó clase social diferente, a quiénes miran por encima del hombro, a quiénes esconden su cabeza dentro de su particular montón de arena, y es que aunque disimulemos, aun que nos disfracemos de jovencita, no

dejamos de ser una avanzada señora de 70 años de edad.

Y esto implica, sencillamente, la no valoración de la realidad, la incapacidad de aceptar y comprender nuestra condición cierta…y, en definitiva, la negación a la felicidad, que siempre está basada en un profundo conocimiento del entorno íntimo y real de nuestra propia esencia.

Sentirse así, profunda e íntimamente conocedor de nuestra condición, de nuestro yo real, es la única manera de permanecer en contacto con  uno mismo, con su sentido vital, y en definitiva, estar en estado de ser consciente de la felicidad.

Emborrachémonos, fumémonos lo que queramos, y lograremos, probablemente,  el autoengaño, pero nada tiene que ver eso con la felicidad, nada tiene que ver con la realidad.  Disfracémonos de lo que queramos, y no lograremos ser sino un burla de nosotros mismos, sencillamente una pantomima social.

Nada es ni está, que tenga valor, si no es y está en nosotros mismos.

¡Qué levante la mano quién…!

 

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