No puede uno mirar hacia otro lado, porque no hay lado, en el humano donde mirar, en el que no veamos los signos, los síntomas de la decadencia del mismo. Somos nosotros el error, somos nosotros los artífices de la mentira -
Ves las noticias,- de hoy mismo-, y ves arder crucifijos, ves arder coranes, ves promesas y amenazas de guerras santas, de cruzadas del siglo XXI.
Increible, pero cierto, seguimos siendo los mismos bárbaros, los mismos estúpidos, pero con una mayor capacidad y poder para destruir y destrozar la obra de Dios, la Naturaleza, la vida en sí misma.
Las religiones moldean, crean a Dios a su antojo, lo imponen por medio de la violencia, la mentira y el miedo, acallando la voz del corazón, silenciando la razón del entendimiento, los dos regalos más valiosos que Dios nos otorgó. Y tiembla el corazón, tiembla el entendimiento de los que andan el camino interior, cuando mira esos rostros de mirada violenta, furibunda, de esos que defienden al divino, de esos que que, con bombas, armas y palabras llenas de odio proclaman la bondad, y el amor infinito de Dios.
Tremendo absurdo, estúpida proclama que se contradice desde el mismo punto de partida.
Y nos venden un dios a imagen y semejanza nuestra, con parentezco, con rostro y debilidades. a la misma manera que los humanos; un dios que necesita nuestra ayuda para sobrevivir, un dios que nos pide que matemos en su nombre, un dios que odia, que busca poder, que necesita estar entre nosotros a la fuerza.
Sencillamente delirante, sencillamente, una muestra de la debilidad mental, de lo básico de los sentidos y evolución de la masa, de los rebaños “religiosos”.
Dios sólo habita en el corazón que lo busca, Dios sólo habita en el corazón que lo acoge en silencio, por voluntad propia, sin intereses ni intenciones, sino como resultado de la propia, personal e individual búsqueda interior.
Dios se desvanece entre las masas, entre el bullicio de los festejos y algarabías religiosas. Dios no es un conocimiento que se aprende ni se transmite, Dios es y está en cada uno de nosotros, estés dónde estés.
Dios es amor puro, bondad infinita. Todo aquello que difiere de ese aspecto fundamental que lo define, es, sencillamente, lo contrario.
¿Cómo pueden manchar las inmaculadas ropas de Dios con sangre, como pueden escupir odio, guerra y muerte en su nombre?
Sencillamente, este mundo, nuestro mundo es un polvorín y un puñado de locos, cegados por su propia locura, creídos de su propio delirio, juegan con fuego.
Y aquellos que andan en el camino, aquellos que en la soledad, a sólas y sólos, buscan, frenéticamante, a sabiendas que el tiempo se acorta, con la terrible sensacíón angustiosa de que algo se cuece, ven la locura, la temen, y lloran en su interior, la incapacidad, la impotencia de ver cúal disparatada es la idea, la proposición y las intenciones, de tal cantidad de locos irracionales.
Y la música es capaz de aportar luz al camino, puede, es, una manera de abrir la puerta hacia el mundo interior. Tiene la capacidad de disolver el muro que nos separa del otro lado, el del “sentido”, el reino de la percepción, el sendero hacia la luz, el descubrimiento del hogar interior, donde todo está y es, por sí mismo.
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