Uno que ya lleva casi 60 años atareado en el devenir de este sueño que llamamos vida, y que en definitiva nadie sabe que es ni a dónde nos lleva, con lo cual, seguimos siendo, en lo único importante, real y fundamental, unos inocentes esclavos de la incertidumbre, se encuentra con que al final de ese camino incierto el bagaje va disminuyendo.
Cuando era joven las ideas, los conceptos parecían claramente definidos. Uno discutía en la absoluta convicción de que las cosas eran como pensaba, no había medias tintas. Todo era tan evidente que discutir con alguien era ponerlo, sencillamente en el lado de lo absurdo, de lo obscuro.
Pero el tiempo pone cada cosa en su sitio, aprendes a mirarte con cierta compasión, con la nobleza y la sencillez que te da a entender y hacerte ver de que todo es posible, que cada cosa puede ser al mismo tiempo de infinitas formas de ser, y entenderse de igual manera.
Pero hay cosas que no debieran cambiar porque esencialmente tienen un sentido muy definido y son conceptos “viga” de una estructura mudable.
En política, no parece ocurrir así. Las cosas, ni siquiera las fundamentales se mantienen fieles a sí mismas. Uno cambia, debe hacerlo, de propósitos, de forma y manera de pensar, sencillamente, por una simple cuestión de adaptación, ó permanecer fiel a sus convicciones, porque en esencia son propias, íntimamente reveladas y sentidas como verdades universales, esas que son simple cuestión de diálogo interior con la propia vida. cuestiones y creencias no aprendidas, por lo menos conscientemente, sino fruto de la aprehensión desde el propio yo íntimo,. personal, ese que te convierte y diferencia en tu condición humana, de ser humano.
No es soberbia, siquiera vanidad infantil, sino la convalidación de la carrera para convertirse uno en un principio, en el punto de partida de tu propia evolución y encuentro. Es obligación y necesidad innata, es el sentido de la vida personal de cada uno. Es la identificación contigo mismo y el reconocimiento de la unión con el todo. Pero es, esencialmente el mas profundo de los actos de humildad, a pesar de los que otros puedan pensar ó ver en tí.
Yo seré también tú en cuánto sea yo mismo. Es la premisa básica del encuentro. Y no es una acto social ni de sociabilidad, sino de espíritu, que anda lejos de los derroteros de lo físico.
En lo humano, en lo social, no se produce así la situación. Todo depende, todo cambia, todo es a gusto del poder momentáneo establecido. El único objetivo, lo único que permanece inmutable es el ansia de poder, ansia que utiliza todas las armas a su alcance para lograr sus propósitos inmediatos.
Es un juego estúpido para estúpidos. Integrarse en él, es rebajarse al mundo de la inconsciencia colectiva, a pensar lo que quieren que pienses, a aceptar libremente por obligación las creencias e imposiciones de otros, so pena de quedar marcado como el cerdo que va al matadero.
Y llaman a las cosas como quieren y les cambian el valor y significado de la misma según conveniencia momentánea, en un intento de mantener el equilibrio en medio de una tempestad continua.
Pero en esencia el ser humano, puertas adentro no cambia en esos aspectos, a pesa de modas, modismos, nuevas visiones de la esclavitud libertaria, antagónica de la cierta libertad, aún a pesar de ser incomprendido por las masas uniformes en ese “comunismo”reduccionista de la conciencia, en dónde pensando lo mismo se aúnan las fuerzas para no ir a ningún lado, para no ser otra cosa que una colmena indiferenciada, uno más del redil.
Hay que ser uno mismo, en conciencia, obedeciendo a la conciencia, habitando esencialmente el mundo intetor, porque todo es y está ahí, es el arca de la alianza, el baúl del conocimiento, donde todo es y está, sencillamente para quién lo busque, y esa búsqueda parte lógica y necesariamente del intento de hacerlo. Escuchar y escucharse, entender el silencio, desembarazarse de los ajeno es necesario, es impedir ser el pez al que todos los anzuelos quieren atrapar y convertirse uno en el paciente pescador que se pesca a sí mismo en aguas interiores.
Es hermoso sentir así, es hermoso descubrirse para redescubrir el mundo, en su verdadera e íntima esencia.
Política, políticos, el eterno devenir de los intereses propios, del burdo engaño, de la manipulación y falaz visión de la historia, la falta de conciencia, -a conciencia-, de no apercibir la realidad con otros ojos que no sean el de los intereses creados. Todo vale, todo cabe en él, cualquiera puede siempre y cuando esté dispuesto.
Enfermos de poder, incapaces, mentirosos, manipuladores, falsos e hipócritas, son títulos propios, son méritos propios. Aprovechados, disimuladores, carceleros de la libertad, chaqueteros y falsos amigos, soberbios vanidosos de clase disfrazados de obreros de lujo aparentes,de luchadores anticasta desde su propia casta, desde sus irrenunciables y lógicamente autoconcedidos y autogestionados privilegios.
Política no, políticos. no. Por lo menos, y necesariamente , en tu mundo interior, no caben ahí, no tienen sentido ahí. No pueden alterar tu forma de ser y pensar, tu forma de sentir, tu valoración y comunión con la vida. ^
Política no, políticos no. No tienen permiso de entrada al templo interior de mi vida. Yo soy yo porque soy la vida que me une a ella, en mi conciencia, conscientemente.
Sentirme nada, me hace sentirme todo, uno con el todo, que es la simpleza suprema, el estado perfecto con la divinidad.
Pensar lo que piensan todos, como piensan todos, es sencillamente no pensar.
Pensar lo políticamente correcto, es el servilismo de las ideas , la voz de su amo, el asumido papel en la libertad libertaria, que es el antifaz de la libertad de espíritu, única y cierta que es, inmutable voz de la conciencia.
Cuando era joven las ideas, los conceptos parecían claramente definidos. Uno discutía en la absoluta convicción de que las cosas eran como pensaba, no había medias tintas. Todo era tan evidente que discutir con alguien era ponerlo, sencillamente en el lado de lo absurdo, de lo obscuro.
Pero el tiempo pone cada cosa en su sitio, aprendes a mirarte con cierta compasión, con la nobleza y la sencillez que te da a entender y hacerte ver de que todo es posible, que cada cosa puede ser al mismo tiempo de infinitas formas de ser, y entenderse de igual manera.
Pero hay cosas que no debieran cambiar porque esencialmente tienen un sentido muy definido y son conceptos “viga” de una estructura mudable.
En política, no parece ocurrir así. Las cosas, ni siquiera las fundamentales se mantienen fieles a sí mismas. Uno cambia, debe hacerlo, de propósitos, de forma y manera de pensar, sencillamente, por una simple cuestión de adaptación, ó permanecer fiel a sus convicciones, porque en esencia son propias, íntimamente reveladas y sentidas como verdades universales, esas que son simple cuestión de diálogo interior con la propia vida. cuestiones y creencias no aprendidas, por lo menos conscientemente, sino fruto de la aprehensión desde el propio yo íntimo,. personal, ese que te convierte y diferencia en tu condición humana, de ser humano.
No es soberbia, siquiera vanidad infantil, sino la convalidación de la carrera para convertirse uno en un principio, en el punto de partida de tu propia evolución y encuentro. Es obligación y necesidad innata, es el sentido de la vida personal de cada uno. Es la identificación contigo mismo y el reconocimiento de la unión con el todo. Pero es, esencialmente el mas profundo de los actos de humildad, a pesar de los que otros puedan pensar ó ver en tí.
Yo seré también tú en cuánto sea yo mismo. Es la premisa básica del encuentro. Y no es una acto social ni de sociabilidad, sino de espíritu, que anda lejos de los derroteros de lo físico.
En lo humano, en lo social, no se produce así la situación. Todo depende, todo cambia, todo es a gusto del poder momentáneo establecido. El único objetivo, lo único que permanece inmutable es el ansia de poder, ansia que utiliza todas las armas a su alcance para lograr sus propósitos inmediatos.
Es un juego estúpido para estúpidos. Integrarse en él, es rebajarse al mundo de la inconsciencia colectiva, a pensar lo que quieren que pienses, a aceptar libremente por obligación las creencias e imposiciones de otros, so pena de quedar marcado como el cerdo que va al matadero.
Y llaman a las cosas como quieren y les cambian el valor y significado de la misma según conveniencia momentánea, en un intento de mantener el equilibrio en medio de una tempestad continua.
Pero en esencia el ser humano, puertas adentro no cambia en esos aspectos, a pesa de modas, modismos, nuevas visiones de la esclavitud libertaria, antagónica de la cierta libertad, aún a pesar de ser incomprendido por las masas uniformes en ese “comunismo”reduccionista de la conciencia, en dónde pensando lo mismo se aúnan las fuerzas para no ir a ningún lado, para no ser otra cosa que una colmena indiferenciada, uno más del redil.
Hay que ser uno mismo, en conciencia, obedeciendo a la conciencia, habitando esencialmente el mundo intetor, porque todo es y está ahí, es el arca de la alianza, el baúl del conocimiento, donde todo es y está, sencillamente para quién lo busque, y esa búsqueda parte lógica y necesariamente del intento de hacerlo. Escuchar y escucharse, entender el silencio, desembarazarse de los ajeno es necesario, es impedir ser el pez al que todos los anzuelos quieren atrapar y convertirse uno en el paciente pescador que se pesca a sí mismo en aguas interiores.
Es hermoso sentir así, es hermoso descubrirse para redescubrir el mundo, en su verdadera e íntima esencia.
Política, políticos, el eterno devenir de los intereses propios, del burdo engaño, de la manipulación y falaz visión de la historia, la falta de conciencia, -a conciencia-, de no apercibir la realidad con otros ojos que no sean el de los intereses creados. Todo vale, todo cabe en él, cualquiera puede siempre y cuando esté dispuesto.
Enfermos de poder, incapaces, mentirosos, manipuladores, falsos e hipócritas, son títulos propios, son méritos propios. Aprovechados, disimuladores, carceleros de la libertad, chaqueteros y falsos amigos, soberbios vanidosos de clase disfrazados de obreros de lujo aparentes,de luchadores anticasta desde su propia casta, desde sus irrenunciables y lógicamente autoconcedidos y autogestionados privilegios.
Política no, políticos. no. Por lo menos, y necesariamente , en tu mundo interior, no caben ahí, no tienen sentido ahí. No pueden alterar tu forma de ser y pensar, tu forma de sentir, tu valoración y comunión con la vida. ^
Política no, políticos no. No tienen permiso de entrada al templo interior de mi vida. Yo soy yo porque soy la vida que me une a ella, en mi conciencia, conscientemente.
Sentirme nada, me hace sentirme todo, uno con el todo, que es la simpleza suprema, el estado perfecto con la divinidad.
Pensar lo que piensan todos, como piensan todos, es sencillamente no pensar.
Pensar lo políticamente correcto, es el servilismo de las ideas , la voz de su amo, el asumido papel en la libertad libertaria, que es el antifaz de la libertad de espíritu, única y cierta que es, inmutable voz de la conciencia.
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