…que me ha tocado vivir. Soy un simple individuo, anónimo, uno más, entre millones de individuos que pululan por esta inmensa bola azul que surca el espacio. Uno más, ni más ni menos, lo sé. Con mis atributos y mis tribulaciones. Uno más, ni más ni menos. Pero lo sé.
Sé mi historia, sé lo que fuí, lo que he sido y lo que soy. Sé de la inmensa fortuna de haber viajado en este viaje hacia no sé dónde, con la conciencia alerta, con la inquietud íntima y personal sobre lo etéreo de la vida humana, del milagro que es, de la oportunidad regalada , de ese trozo de tiempo que el tiempo me ha regalado para ser yo mismo.
Me ha gustado estar, soy afortunado, privilegiado, pero agradecido por cada instante, por cada soplo de aire, por cada pensamiento en busca del motivo y la razón de ser yo mismo, consciente conciencia de mi presencia.
Eso me ha hecho ser humilde, sabedor poseedor de una fortuna inmensa. No sé qué es, de dónde viene, a dónde me lleva esta nave que surca el tiempo hacia no sé que lugar. Ya siendo un niño miraba con inquietud, con incertidumbre, con curiosa y profunda necesidad de saber y entender, como buscador de un tesoro que intuía se encontraba en algún lugar.
Siempre supe que el tesoro de la vida está en el corazón, que lo valioso, que la certidumbre de la verdad cierta está escondida en el interior de cada uno de los que quieren y buscan, de corazón a corazón, al de la vida, que se repliega en el interior del espíritu humano.
Alguien decía que la verdad está ahí fuera. Yo, yo creo que la verdad está dentro, que la verdad es absoluta justicia, absoluta libertad. No mira credos ni oraciones, colores ni razas, no tiene fronteras de ningún tipo.
Está escondida en el alma, en el corazón del buscador. La llave de la conciencia es una pregunta que abre las puertas, la pregunta que se recrea en la conciencia, el corazón y la mente del que se sabe, del que agradece, del que valora.
Sí; soy uno más, lo sé y en eso me valoro en la sociedad, en el grupo, en la manada, en lo social, en una sociedad enferma, caduca, cargada de prejuicios, equivocada mayoría aletargada, que ha perdido , disgregado, alterado y vuelto del revés los valores de la moral y la ética.
Me dicen facha, porque no hago lo que dicen, porque no pienso lo que piensan, me llaman tonto porque tengo corazón de niño, porque aún entre mis manos y mis ojos cargados ya de 60 años de días y noches, de penas y dolores, de miedos y tristezas, de tribulaciones, de alegrías también, pero, sobre todo de conciencia de mí mismo, de vivir cada día en esa búsqueda, infructuosa, ¿ y qué? de mi razón y mi motivo, a pesar de todo y todos, aún, digo, soy yo, en ese deber y derecho absoluto con la vida.
Soy yo, soy consciente, soy sabedor de mí mismo, profundo , silencioso, solitario, soy yo, quién disfruta de recorrer los callejones de la vida, solitario, en soledad conmigo mismo. Me gusta ver, mirar, oir y escuchar sin ser visto , sin ser escuchado. Me gusta pasar sin que se aperciban de mí; no me importa el mundo porque habiéndolo descubierto en su verdad íntima, esa verdad que es mía propia, no necesito nada ni nadie. Soy ese niño que viajaba en el viejo “ arabella “ de su tío Jesús y creía que la luna era su amiga porque siempre le seguía fuese dónde fuese.
Ya ahora, con todos estos años recorridos , sigo pensando que la vida me persigue, que soy su amigo, a pesar de que se me dibujan las arrugas, que se me nubla la vista.
Estoy y soy, seré aunque no esté. Lo sé. Es la sonrisa cómplice que la vida me ha dedicado, el saber que me ha susurrado al oido, pero ha sido fruto de mi inquietud, de mi respeto, de mi humildad para y por ella.
Soy fruto del tiempo para el tiempo, el de ser, el de saberme y sobre todo el de la íntima y serena confianza en que todo es cómo debe, el de sentirme en brazos amorosos de una amorosa madre, sabedor de que esto de lo que se aperciben mis sentidos materiales, es sólo un fruto de un sueño, de una mentira regalada, el exterior de una caja que esconde el regalo cierto.
Y yo …ando entre mis pasos, niño viejo, ilusionado por las tonterias del ser.
Sé mi historia, sé lo que fuí, lo que he sido y lo que soy. Sé de la inmensa fortuna de haber viajado en este viaje hacia no sé dónde, con la conciencia alerta, con la inquietud íntima y personal sobre lo etéreo de la vida humana, del milagro que es, de la oportunidad regalada , de ese trozo de tiempo que el tiempo me ha regalado para ser yo mismo.
Me ha gustado estar, soy afortunado, privilegiado, pero agradecido por cada instante, por cada soplo de aire, por cada pensamiento en busca del motivo y la razón de ser yo mismo, consciente conciencia de mi presencia.
Eso me ha hecho ser humilde, sabedor poseedor de una fortuna inmensa. No sé qué es, de dónde viene, a dónde me lleva esta nave que surca el tiempo hacia no sé que lugar. Ya siendo un niño miraba con inquietud, con incertidumbre, con curiosa y profunda necesidad de saber y entender, como buscador de un tesoro que intuía se encontraba en algún lugar.
Siempre supe que el tesoro de la vida está en el corazón, que lo valioso, que la certidumbre de la verdad cierta está escondida en el interior de cada uno de los que quieren y buscan, de corazón a corazón, al de la vida, que se repliega en el interior del espíritu humano.
Alguien decía que la verdad está ahí fuera. Yo, yo creo que la verdad está dentro, que la verdad es absoluta justicia, absoluta libertad. No mira credos ni oraciones, colores ni razas, no tiene fronteras de ningún tipo.
Está escondida en el alma, en el corazón del buscador. La llave de la conciencia es una pregunta que abre las puertas, la pregunta que se recrea en la conciencia, el corazón y la mente del que se sabe, del que agradece, del que valora.
Sí; soy uno más, lo sé y en eso me valoro en la sociedad, en el grupo, en la manada, en lo social, en una sociedad enferma, caduca, cargada de prejuicios, equivocada mayoría aletargada, que ha perdido , disgregado, alterado y vuelto del revés los valores de la moral y la ética.
Me dicen facha, porque no hago lo que dicen, porque no pienso lo que piensan, me llaman tonto porque tengo corazón de niño, porque aún entre mis manos y mis ojos cargados ya de 60 años de días y noches, de penas y dolores, de miedos y tristezas, de tribulaciones, de alegrías también, pero, sobre todo de conciencia de mí mismo, de vivir cada día en esa búsqueda, infructuosa, ¿ y qué? de mi razón y mi motivo, a pesar de todo y todos, aún, digo, soy yo, en ese deber y derecho absoluto con la vida.
Soy yo, soy consciente, soy sabedor de mí mismo, profundo , silencioso, solitario, soy yo, quién disfruta de recorrer los callejones de la vida, solitario, en soledad conmigo mismo. Me gusta ver, mirar, oir y escuchar sin ser visto , sin ser escuchado. Me gusta pasar sin que se aperciban de mí; no me importa el mundo porque habiéndolo descubierto en su verdad íntima, esa verdad que es mía propia, no necesito nada ni nadie. Soy ese niño que viajaba en el viejo “ arabella “ de su tío Jesús y creía que la luna era su amiga porque siempre le seguía fuese dónde fuese.
Ya ahora, con todos estos años recorridos , sigo pensando que la vida me persigue, que soy su amigo, a pesar de que se me dibujan las arrugas, que se me nubla la vista.
Estoy y soy, seré aunque no esté. Lo sé. Es la sonrisa cómplice que la vida me ha dedicado, el saber que me ha susurrado al oido, pero ha sido fruto de mi inquietud, de mi respeto, de mi humildad para y por ella.
Soy fruto del tiempo para el tiempo, el de ser, el de saberme y sobre todo el de la íntima y serena confianza en que todo es cómo debe, el de sentirme en brazos amorosos de una amorosa madre, sabedor de que esto de lo que se aperciben mis sentidos materiales, es sólo un fruto de un sueño, de una mentira regalada, el exterior de una caja que esconde el regalo cierto.
Y yo …ando entre mis pasos, niño viejo, ilusionado por las tonterias del ser.
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