DIOS ME PROTEGE…porque en mi insignificancia cómo podría pensar que él es quién necesita mi protección, porque en mi humildad pienso quién me ha dado la función de decidir y actuar por él, en su nombre. Si no soy capaz de controlar mis propios asuntos en lo humano cómo podría pretender arreglar los divinos. Solo el necio, el vanidoso, el que se miente y miente, el que vive engañado por el mal se arroga tal función. Sólo engañan a los tontos de corazón, a los que necesitan muletas ajenas para mantenerse en pie como personas. No. Camino, aunque sea a rastras en humilde peregrinaje hacia la voz que llama al corazón del que va, del que quiere ir, en silencioso viaje. No escuchan, no quieren ver más allá de sus burdas y absurdas mentiras. No quieren entender, sencillamente, porque no buscan la verdad, sino la manipulación en provecho de aquellos a quiénes sirven con obscuros propósitos. El mal existe, es cómo la obscuridad a la luz, huele, se capta en el día a día, entre gentes que te rodea, en sus comportamientos, en sus deseos, en su forma de hacer y pensar. No cabe duda, es y está, tiene sus servidores esclavos, sus marionetas, sus zombies, disimulados entre belleza y lujo, en los sepulcros blanqueados de la sociedad de la apariencia, enchaquetados y soberbios necios, vencedores temporales de pacotilla. Allá cada uno cuando el tiempo de la verdad determine la culpa, cuánta sangre inútil derramada, cuánta ruindad, cuánto mal hecho habremos de pagar.
Están los necios de enhorabuena : han matado y han muerto, pero eso sí…para nada, en vano. ¿Qué ha cambiado, qué han logrado? . Nada, absolutamente nada, sólo la degradación y el dolor son sus victorias. Tremenda derrota, terrible de por más.
Los que defienden con la violencia sus argumentos, sencillamente carecen de ellos. Cuando se usa la violencia como arma en defensa de “Dios” sencillamente se entra en el más profundo de los contrasentidos. Porque el argumento de la violencia es , esencialmente ir a contracorriente, es negar a Dios en su primigenia esencia.
Aquellos que recogen las migajas que les dan los demás para “ser” son como paralíticos con muletas prestadas. Basta que les retiren alguna de ellas para caerse de bruces, como sacos vacíos de sí mismos. Están a expensas del “favor” recibido.
Cuando se hace broma sobre el dolor de los que han caido víctimas de lo absurdo del asesinato son paralíticos despojados de sus muletas. Carecen de conciencia, son pervertidos de la esencia de ser humano, servidores y acólitos del otro lado, del obscuro y del vacío. Terrible ver como se mofan e intentan hacer gracia con el dolor y la muerte absurdas siempre de los que han perdido en vano la vida en manos de decididores divinos, que otorgan ó cercenan la vida a los demás, en pos de ideales que se pierden y difuminan en el tiempo.
No hagan de Dios su servidor, no lo utilicen como patrocinador de sus juegos terribles de dolor y muerte, porque sólo intentan disfrazar al mal de cordero inocente.
Mucho es el poder que tienen aquellos que oprimen y doblegan ,sobre sus acólitos. Son carceleros defendidos por sus presos, son violentos arengados por quiénes son violentados, por sus propias víctimas. Es tal el estado de degradación y la miseria entre los servidores del mal, que se alimentan de su propia degradación, de sus propios excrementos miserables.
Dios es, sencillamente, lo contrario, lo que tienta a pensar a quién andan sirviendo, en nombre de quién actúan realmente.
Andan pululando, predicando entre las gentes los nuevos redentores, los salvadores, la nueva casta, la que defiende todo aquello que nosotros queramos, como queramos. Nos dan todo lo que le pidamos, como a simples, a tontos LÚMPENES, esa nueva casta social a la que nos sumamos todos los que no somos “ellos”. Son la nueva visión de Dios, la nueva visión del bien y el mal, los redentores de todos nuestros pecados. Son los que predican con el ejemplo, el de sus actos y sus hechos, sus argumentos y su defensa de la libertad y de la paz, haciendo, como siempre, y antes de empezar lo que tanto critican en los demás. Es el nuevo Dios rencoroso, tirano y violento, que mancha sus manos de sangre. Son los prevaricadores que critican en los otros tantas y tantas pajas y no ven la viga en sus propios ojos. Son los que no te dejan hablar, a los que no se puede criticar, son los intocables de la divinidad. Son los que convencen con acertadas estrategias estudiadas en universidades de consejeros de otros tantos libertadores encumbrados al poder por el poder.
No gracias. No. Para tales palos prefiero las viejas astillas, para nuevas heridas prefiero las costra seca de las anteriores. No, porque no. Dios no es eso, la verdad no es esa, el sistema no es ese, las razones y argumentos son los mismos. Lobos disfrazados de cordero, aprovechados pescadores en río revuelto.
Seguiré con mis principios de lealtad, aunque me vaya en ello la poca vida. No creo en los predicadores de feria, me da miedo la multitud vacía y fácilmente manipulable, la sociedad que se mantiene apoyada en falsas muletas, prestadas y dictadas al arbitrio de manipuladores, listillos de pacotilla que se ríen y mofan en nuestra propia cara, porque esencialmente, le importamos un ápice. Somos lúmpenes para ellos, la otra casta, la nueva, la de los imbeciloides, la de los no pensantes.
Prefiero vivir al margen y si me equivoco en mi profunda, humilde, sincera intuición, pues allá yo, pero no pienso matar, ni engañar ni manipular…porque eso sí, soy un pobre idiota que camina al borde del camino y…en sentido contrario.
Amo la libertad, al ser humano bueno, defiendo en mí la presencia, la llama divina, y lo hago en paz, con las manos limpias, con la mirada llana del que busca a sabiendas de ser solo un buscador a tientas en la obscuridad. No me vendan porque no compro la mentira, no me tienten con lisonjas porque seguiré en ayunas en el desierto durante tanto tiempo como me duren las fuerzas. No, gracias, no comulgo esa fe. Y allá yo si me equivoco, y mejor para los que opinan lo contrario, si así fuera, porque me alegraría si eso es en beneficio de los demás. No me alimento de vanidades ni beneplácitos. Sólo ando en el camino …en el de la búsqueda limpia y sincera. Allá tú, con tu Dios, con tu conciencia, con tus razonamientos y propósitos.
Porque, sencillamente, la verdad es…sencilla, la sabiduría humilde, busco encontrar la humildad en mi corazón…
…sencillamente, porque soy uno más, porque no practico credo alguno, no profeso ideología política, sencillamente, por eso, hablo desde el corazón, desde la libertad de ser y pensar conforme a mi yo en la búsqueda aventurera del propósito de ser. Yo no proclamo, no predico, no soy enviado de nada ni nadie, escucho al corazón que me habla porque me presto, porque me propongo escucharlo, en profunda humildad, en el recogimiento interior donde todo es y habita.
Es la lucha constante del buscador, que cae y se levanta…para recoger y cargar de nuevo con la cruz.
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