Arrastro las cadenas de mis tristezas, y doy gracias a Dios, llevo las penas aferradas al corazón, y doy gracias a Dios, me sumo en la indefensión que me provoca mi ceguera mental, y doy gracias a Dios, llevo la culpa de mis incapacidades y errores y doy gracias a Dios, miro dentro de mí, y me sé débil, limitado, incapaz, pero doy gracias a Dios.
Miro el mundo que me rodea y me siento extraño, pasajero aislado, apartado, de un crucero incierto, en el barco de la vida, con rumbo desconocido. Miro, acepto y doy gracias a Dios, por ser lo que soy, ese punto de conciencia capaz de verse a sí mismo, tal como es, una oportunidad única, personal, un regalo de la vida conmigo mismo, y doy gracias a Dios.
No profeso religiones, no predico para nadie, no busco favores, no necesito aplausos, porque soy el silencio de mí mismo, la conciencia que se busca en la oportunidad de vivir. Soy un eterno, humilde agradecido, de esto que es el camino de ser.
Miro, siento, percibo, disfruto de mis miradas y mis impresiones, así, para mí, alejado del vicio de quiénes no saben , no quieren, no pueden sentir más allá de lo puramente humano y vanal.
Soy yo…. en esencia tú, todo…
Y en este mi tiempo en el que segundo a segundo se va desdibujando mi imagen, mi apariencia, para diluirme en el océano del universo, acallándome en los años pasados, que pesan ya en mi alforja, en este mi tiempo, me desligo de lo físico segundo a segundo, para volver a lo cierto del ser. Miro… busco: intentos vanales de abarcar lo que mi mente y mi corazón impotentes siquiera pueden llegar a vislumbrar. Y desde esta serena impotencia, sin renunciar al intento de encontrar, revolviendo en mis adentros, cerrando los ojos y mirando, acallándome y hablando conmigo mismo, desde este punto de mi propio mundo doy gracias a Dios…porque es el tiempo de ser.
Y en este tiempo siento rabia por quiénes empuercan el mundo, por la pena y el dolor, por la miseria, por la incapacidad de cambiar el mundo, de hacer ver el sinsentido de la forma y estilo de vida de quiénes no ven más allá de lo superflúo. Miro y callo, sufro a solas, a tientas en esta obscuridad en la que sumen al mundo los inicuos, los que nos gobiernan y dirigen, los que mienten y engañan, los que predican contrario a lo que hacen. y en este tiempo me siento aislado, temeroso, del mal que embarga, la pena que castiga a los inocentes, a los pobres, a los desvalidos. Es el tiempo, mi tiempo de ver mis manos y mis pies clavados en la cruz de mi impotencia, de mi incapacidad, de mi debilidad… Y es el tiempo, mi tiempo, de cerrar los ojos y dar gracias a Dios por ser…sinceramente yo, humildemente yo.
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