…porque soy consciente de la cárcel en la que me encuentro, soy sabio porque sé las limitaciones que tengo. Vivo en el desapego, porque consciente de mi sabiduría y de la verdadera naturaleza de la libertad mi vida se torna plena.
Siento y pienso más allá del engaño de mis sentidos, ando caminos por los que transitan los buscadores, aquellos, para los que la vida es lo contrario de un largo camino que no lleva a ninguna parte.
No necesito dioses para justificar la existencia de mi conciencia, no necesito jueces, miedos ni castigos, para actuar con la ley del corazón, que está enfrentada con religiones y falsas e hipócritas doctrinas y morales impuestas por los intereses de otros.
Cuando encuentro el eco, cuando escucho la voz, cuando con la humildad me enfrento a mí mismo, que no soy yo, sino todo lo demás, cuando me deshago de las imposiciones, cuando pienso alejado de intereses, con humildad, cuando dejo de pensar en Dios con el intelecto, se torna pleno en mí, auténtico y universal, eterno, aconfesional, únicamente cierto.
De nada sirven las verdades aprendidas de otros, inútil su beneficio, sólo el camino andado por uno mismo, aquél que se emprende cuando uno, con la humildad profunda del corazón ansioso del buscador, entorna la puerta hacia el otro lado. Nadie camina por tí, nadie desea por tí, nadie busca por tí…nadie encuentra por tí. Esa es la verdadera naturaleza del ser humano, la soledad de la labor, que no es ausencia sino reencuentro consciente con el verdadero pulso de la continua existencia. Dios es …cuando eres, cuando tomas conciencia auténtica de tí. No habla desde fuera, no mira para fuera. Se escucha y se ve desde dentro, y desde ahí recupera su verdadera dimensión, eterna, infinita.
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