que mi música:
Que un pobre, un iluso ser humano que se afana en romper la cáscara que lo envuelve y aisla de lo que él , de algún modo que no puede tampoco comprender ó explicar, intuye . Es una verdad oculta, una semilla escondida en lo profundo del corazón, una verdad escrita en lo íntimo de cada ser humano que con humildad escucha, siente y percibe.
Me aturde, me persigue la necesidad de encontrar la rendija por donde traspasar a la verdad que intuyo, pero me encuentro que desde este lado, desde este aspecto de la experiencia no hay atajos que me lleven al encuentro con la certeza.
Sé que estoy en un sueño, que esto que percibo como realidad es una mentira, un engaño, lo sé, perfectamente, totalmente convencido, aunque no sepa cómo ni por qué de este convencimiento. Viví la soledad de un niño que no conoció a su padre, que pasó muchas y largas horas consigo mismo, que aprendió a ver en esa soledad, más allá de lo inmediato, que encontró una voz compañera que le hablaba, le susurraba a su conciencia. Aprendí que todo es una mentira de la mente, que esto es solo una etapa , y que en cuanto traspasas esa primera barrera del engaño, toco se apercibe de otro modo, y si bien te convierte en un extraño, un renegado, un fuera de lugar, para los demás , te dota de un privilegio, el de sentir y mirar de otra forma, mucho más abierto, más límpida.
Tengo cincuenta y cuatro años, y no soy sino un niño escondido tras un cuerpo, una atadura, un espíritu eterno, consiente de la conciencia universal, un aventuro humilde, sereno , del viaje hacia el profundo yo. No sé de envidias, no tengo vanidad, no me importan las lisonjas, no me meso en la complacencia vanidosa, no quiero aplauso, no busco famas, no quiero protagonismo, porque esa soledad forzada por la vida, esa que en principio pareció un castigo, una privación, se convirtió en el más profundo y personal regalo de la vida.
Soy agradecido ausente, soy eterno espíritu en el tiempo, buscador de sí mismo, soy eso que soy, consciente de la verdadera felicidad, interior, íntima, serena y humilde.
Me recreo como espectáculo, como conciencia divina, en mis miradas, mis impresiones, siempre con mi música de fondo, mi magia, la magia de ser partícipe de la vida.
Y en ese silencio de mi soledad, todo me habla, todo se me descubre, todo se aparece como parte de mí mismo, nada es, nada se comporta como ajeno a mí, y no teniendo nada todo me pertenece. Soy inmensamente rico, más allá de lo que los demás quieren , y soy y estoy más unido a los demás que lo que lo están entre ellos mismos, los del círculo de lo externo. –Mi reino no es de este mundo-oí alguien me decía en mis adentros y el mío tampoco comprendí en mi corazón. El mundo me privó, y pagué y pago, el regalo inmenso de la felicidad íntima y gozosa belleza interior.
NO SOY MÁS… no podia ser guapo, ni inteligente, ni tener nada de aquello que quebrase la humildad, la serenidad del que busca, no podía poseer la tentación de las vanidades, las puertas de la fama ó la riqueza. Soy la huella del caminante sobre la arena de la playa, soy el rumor del viento en mis oidos, soy el eco de mi voz dentro de la caracola de la vida, soy sin tí, tú mismo. ando descalzo bajo la luz de las estrellas, escondido en el sereno rumor de mi música complaciente, esa que es, dentro de mí, pora mí, el rumor de la felicidad.
PEMIROTO: la muerte es una mentira de la mente. No existe fuera de ella. Es el telón de la mentira que se baja, en la verdadera representación total, fuera del engañoso sentido de los sentidos. Morir es escapar de la cárcel, apartarse de la ciega mirada de los ojos de lo incierto. Morir es regresar, es volver, es recuperar el verdadero ser y sentir de la existencia
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