Les dejo el poder, les dejo las fiestas y jolgorios, les dejo las apariencias y la fama, les dejo el boato de las relaciones sociales, porque no quiero fama, porque no me interesa el poder, no me gustan los altares, ni las clases sociales, porque creo en el ser humano, en el que sigue el camino del encuentro, el que persigue la búsqueda de sí mismo. Porque creo en el poder de la inocencia y la bondad, porque me gustan las miradas inocentes, curiosas, infantiles, porque creo en la presencia omnipotente de Dios tras cada partícula de la creación, porque creo que en este juego de lo humano, sobramos quiénes andamos por otros derroteros.
No me miren, no me cuenten, no me envidien, porque no soy un obstáculo, porque nada de lo que ustedes persiguen es mi meta, ninguno de los suyos es mi objetivo. Porque no necesito laureles ni aplausos, porque busco el silencio, el premio del encuentro con lo escondido en el espíritu, porque quiero andar oculto de las miradas, ser observador y escuchante del espectáculo de la vida.
Así soy disfrutador, lujurioso visitante temporal del espacio de lo material, sin otro objetivo que sumirme en las quietas aguas de la contemplación del espectáculo de mí mismo, en el espectáculo de lo eterno, para sentirme y contemplarme en mi verdadero valor y sentido.
Y desde este lado del sendero todo lo demás se me antoja vanal, cruel, sin sentido y absurdo. Guerras, luchas por el poder, apariencias, puestos y cargos sociales y políticos…todo me parece un iluso espectáculo en un sueño engañoso.
Y ese es el encuentro con la Navidad, ese es mi guiño cómplice a la vida, préstamo temporal y fugaz. Soy un simple , sencillo humilde y agradecido pasajero del maravilloso viaje hacia el ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario