Tomaré el sendero, el único y personal camino, la senda del aprendizaje, el mío, el que me llevará a surcar las aguas de mi evolución. Andaré sobre mis propios pasos, recorreré el eco de la llamada de mi espíritu, a solas, a tientas, con la mirada absorta en el camino.
Partiré sin rumbo cierto, a sabiendas de que siempre hay un destino, siempre una meta que alcanzar. Solitario empedernido, compañero, amigo íntimo de la vida, consejero de amaneceres y puestas de sol, andaré más allá del tiempo, indefinido, a solas , a lomos de mi espíritu.
Buscaré tras cada mota del polvo del camino, leeré en la estrellas, escucharé al viento contarme los secretos del tiempo eterno de la vida.
Y cuando mi cuerpo se preste a libertar mi soplo vital, partiré en busca del encuentro con la esencia, a lomos de la luz del sol .
Volveré a encontrarme dentro de mí, partiré hacia dentro con los ojos cerrados, con el poder y la libertad del ser.
Partiré sin rumbo cierto. pero firme y seguro de que es el viaje a mi sueño, el camino del reencuentro con lo divino. Partiré sin rumbo fijo, solitario , para cumplir la labor del yo primordial.
La soledad del poeta, la ausencia del soñador, la mirada perdida del buscador,- porque es mirada interior-, son, a los ojos de los pasajeros del afuera, signos de tristeza, pero es un mero espejismo material, porque nada hay más hermoso, dulce, nada llena tanto, como el ser consciente de ser y estar , del sentirse pleno en cada instante, y sabiéndose tan fugaz, efímero y frágil, sentirse tan fuerte, tan capaz y seguro. Es la dulzura del alma, la diferencia entre ser y estar feliz, es, gozar la capacidad de saberse vivo.
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