Al fondo el telón aterciopelado y de un negro azulado, roto por pequeñas esquirlas tililantes de luz, como gotas resplandecientes de esperanza . En el trayecto, un camino marcado por el haz de la luna reflejado sobre el pacífico océano, tibio, sereno y acogedor del mar interior.
Camino va mi velero, suavemente mecido por la brisa de mis propios pensamientos, firmemente dirigido, tranquilo y seguro, con un destino cierto, marcado por la fe, por la creencia de que todo está escrito y programado sin un àpice de error.
La felicidad es el lugar de destino, el punto de encuentro en la isla del amor, allá en las fronteras del espíritu, donde todo vuelve a ser, a reencontrarse en su verdadero propósito y sentido.
Y yo, suavemente adormecido, plenamente consciente, en ese estado en que la existencia es un puro y delicioso sueño, asisto, confiado al espectáculo del viaje.
Sonoras, melodiosas olas de música baten sobre el casco del navío, lamiendo su superficie acristalada con serenas melodías de amor.
Todo es tan acogedor, todo es tan increíblemente bello, que el tiempo es un castigo, del que temes te robe la posibilidad de disfrutar indefinidamente del más hermoso de los viajes jamás realizados.
Viaje a la luz de la luna, al arrimo del espíritu , viaje hacia el espíritu que todo contiene, a los confines del ser…al encuentro con tu yo.
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