Ayer, en el acto de entrega de las orlas a los alumnos del centro en el que ha estudiado mi hija, explicaba el director ante los oyentes , el sentido y significado que este momento significa en la vida de los chicos.
Decía que uno de los alumnos comentaba en una de sus redacciones que realmente y esencialmente uno está solo, y que llegado el momento, -muchos a lo largo de la vida- se deben tomar decisiones en soledad.,íntimamente. Decisiones que suponen puntos de inflexión en la vida de cada uno de nosotros.
Y realmente es así, sencillamente.
Uno es y se mueve en dos esferas esenciales: la del ser y la del estar.
Uno es y está.
El estar es puramente anecdótico.
Eso no quiere decir en modo alguno, que esa fase ó estado nuestro carezca de valor ó importancia.
Realmente es un estado pasajero, una experiencia más del devenir general y continuo que es la vida humana, pero un estado valioso, de aprendizaje, de adquisición de experiencia, de materialización de los sentidos y sentimientos...
El otro yo, el del ser, es interior, inmaterial y continuo.
Es ahí donde está y radica nuestro verdadero y eterno valor ; ahí somos espíritu, energía en evolución continua .
Ahí carecemos de límites temporales y espaciales. Todos los conceptos físicos se tornan en puro espejismo: las reglas de este lado no tienen expresión ni confirmación en el reino, en el mundo del ser.
Todo es, todos somos, todos estamos en un único estado, en una única realidad, la auténtica .
No sirven los conceptos, no sirven las imágenes, no hay raciocinio cientifico que explique el contenido del todo, porque no puede haber nada que desde fuera analize lo interno, pues este lo abarca todo en su totalidad.
Es el pensamiento puro, pensamiento en expansión continua e infinita. Es eso que llamamos "Amor".
Esta realidad es un conocimiento que está anclado en cada uno de nosotros, y que anda escondido tras los muros del "estar·.
El buscador, el caminante del sendero interior, puede vislumbrar el conocimiento, siquiera en una especie de fulgurante y momentanea revelación.
Cuando se busca se encuentra, se intuye, y entonces con la claridad que esa luz
nos alumbra, todo parece tener otra apariencia. Es el renacer de la conciencia,
el camino de la serenidad .
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