MI MUSICA

lunes, 14 de julio de 2025

 El tiempo pasa, cambian las posibilidades, las actitudes y las aptitudes. Se pierden unas se ganan otras, se atisba el horizonte inequívoco e ineludible del final de toda vida humana, ese que te lleva o no, a nuevos caminos. El tiempo te vuelve conservador, escéptico, a una pérdida de sectarismo ideológico , filosófico y religioso. No se defiende las cosas con esa seguridad que la juventud , en nuestra juventud, defendemos. Ahora todo es relativo. Quizás haya mucho de estoicismo en esta etapa, para mí al menos, donde la búsqueda de eso que llaman felicidad,  -y que nadie sabe ni puede definir, a pesar de que afirme que es feliz-,  ha pasado a ser la búsqueda de la paz interior, del paso a paso del momento atesorado con uno mismo. Deshacerme del peso de lo ajeno, de lo externo, de lo, simplemente, mudable, efímero y también de lo quimérico de los espejimos a veces , muchas veces, acomodado en lo que llamamos realidad. Sólo sé lo que soy en cada instante, siquiera lo que perciben los limitados sentidos sevidores de la mente engañosa. Dejo de estar para ocupar el hueco libre por el ser, por tomar conciencia, por no divagar en preguntas sin respuestas para el intelecto. No me pregunto a quién sirvo, sino sirvo por convicción, por mi propia ética y mi propia moral que son patrones fijados en cualquier persona bien formada. Yo a esa información la llamo el santo grial, la respuesta, el principio del todo, que habita en nosotros. Dejo de arañar la dura roca para dejarme llevar por el viento, confiado que me lleva en la dirección adecuada. El mundo funciona sin mí y dejará de ser cuando no esté. Sin percepción no hay realidad. En lo material, en lo terreno, me subyuga una sonrisa, un juego de ese ser que comienza su andadura, ese nieto que sentado en mi regazo, me mira curioso y me quita las gafas y me las intenta poner nuevamente, ese ser que cuando lo cojo en mis brazos y se apretuja contra mí noto que se siente seguro y amado.  Es una dependencia hermosa, ¿para qué más?. Es el instante pleno, instantes que conforman la paz interior, ese afán del espíritu humano que la persigue. El camino lleva a uno mismo, en humildad, porque cuando se encuentra el destino, paz y humildad te reciben con los brazos abiertos. Esos brazos son lo que para mí es la divinidad.